La piel triste


«La caricia es un juego con algo que se escapa» (Levinas).

Embriológicamente, la piel y el cerebro son dos órganos que se desarrollan a partir de las de las mismas células embrionarias, lo que determina la estrecha relación que ambos van a tener a lo largo de toda la vida.

Es sabido que las emociones están a flor de piel, desde el rubor de la vergüenza al rojo de la ira, de la palidez del miedo al color mate de la tristeza; pero también son el latido de muchas patologías como la rosácea, la psoriasis o la alopecia areata.

Piel y emoción son camaradas inseparables.

Una de las derivadas del sufrimiento generado por la pandemia es, sin duda, la privación del contacto de la piel y los abrazos. El nuevo hábito de comunicación tecnológica con la pantalla por delante ha puesto de relieve la importancia que tiene el tacto, la caricia, la carantoña y el abrazo del oso, poniendo en valor su falta.

El sonido de las palabras y la imagen son indispensables para poder comunicarnos, pero ambos canales operan en distancias largas; el tacto, como el gusto -en cambio-, son sentidos sin distancia que aportan información de una calidad tan distinta como necesaria.

No es de extrañar que la ausencia de abrazos en estos tiempos de alejamiento obligado nos haya entristecido el alma y la piel.

La vieja tradición alfarera de Dios se recrea cada vez que nos acariciamos, en realidad solo cuando nos acarician o nos abrazan tomamos conciencia de nuestros límites y del espacio que ocupamos en el mundo. Es el contacto con la piel del otro lo que nos hace ser uno.

«Tus manos son mi caricia, mis acordes cotidianos», cantaba Mario Benedetti.

La piel es esa membrana diacrítica de la que habla Castilla del Pino, que separa el ser del no ser y cuya ausencia constituye un síntoma principal en los cuadros psicóticos; cuando la conciencia de esa barrera que nos envuelve y separa del mundo se pierde, el sujeto se diluye, pierde la identidad y todo contacto se convierte en una invasión agresiva.

Sin piel ni abrazos el mundo se llena de fantasmas y los fantasmas no se pueden tocar, por eso dan miedo.

Perimetrados, confinados, aislados, nos estamos apachurrando, entristeciendo, marchitando. La piel está triste y nosotros también.

En el anuncio de la lotería de este año destacan todo lo dicho poniendo el acento en los abrazos perdidos y el deseo de su recuperación. Una imagen vale más que mil palabras, pero un abrazo vale más que mil fotos de Instagram.

Suerte que la piel, como el cerebro, tiene memoria y jamás olvida el cobijo de un contacto benefactor.

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