Sánchez arrastra al PSOE al abismo


«Haz que pase». Con ese lema se presentó el PSOE a las elecciones generales de abril del 2019. Lo que no sabían sus votantes es que lo que iba a pasar es exactamente lo contrario de lo que se les prometió. Fueron a las urnas con la garantía de que Pedro Sánchez no gobernaría con un partido como Podemos, tan radical y antisistema que al líder socialista le quitaba el sueño. Y un año después se encuentran con que sus votos no solo han servido para que Podemos gobierne España en coalición con el PSOE, sino para que los que jalearon y celebraron el asesinato de once dirigentes socialistas, y que no han condenado jamás esos crímenes, sean los que «dirigen el Estado» junto a Sánchez y Pablo Iglesias. Algo que rebasa la frontera del engaño en una campaña y alcanza la categoría de una estafa moral.

Más allá de la repugnancia ética que puede producir que se pacte con los herederos de ETA, el camino emprendido por Sánchez tiene una enorme dimensión histórica, porque obliga a los dirigentes del PSOE a asumir la basura discursiva con la que se está justificando, y a un ejercicio de humillación y sometimiento ante los designios del líder que arrastra al partido al abismo. Los pocos socialistas que expresan reparos morales teniendo un cargo son abroncados y obligados, como ocurrió ayer en la ejecutiva, a una autocrítica de corte maoísta. El resto, como Alfonso Guerra, son tratados directamente de traidores. Pero quien tenga mando en el PSOE debe saber que no basta con hablar y luego callar. Cuando las urnas retiren a Sánchez, les será imposible explicar por qué si lo echaron por querer pactar con Podemos asumen hoy que gobierne pactando con los herederos de los terroristas.

Entre las muchas falacias que escuchamos para justificar esos acuerdos destaca por infame la que afirma que es mejor que los de EH Bildu estén gobernando España que pegando tiros. Un argumento que nos llevaría a concluir que, para que los atracadores de bancos dejen de robar, lo mejor es nombrarlos ministros de Economía. Algún rincón moral debe haber en democracia para los que mataron y para sus cómplices. Pero ese no es desde luego el Gobierno de España. Sánchez ha tomado la decisión de blanquear a Bildu para asegurarse de que gobernará muchos años mientras la derecha siga dividida. Tendrá que asumir el haber escogido ese medio para lograr su fin. Pero lo que no puede hacer es mentir diciendo que no hay pacto, como hizo ayer Ábalos.

Muy distinto es el caso de Pablo Iglesias, que no necesita blanquear a Bildu porque comparte sus argumentos. Siendo ya eurodiputado, el líder de Podemos afirmó que los asesinatos de ETA tienen «una explicación política». Y antes dejó dicho que, tras la muerte de Franco, los etarras fueron los únicos que entendieron que en democracia «hay derechos que no se pueden ejercer en el marco de la legalidad». Ergo, había que matar. La diferencia es que ETA no ha asesinado a ningún militante de Podemos, ni Iglesias tiene un partido, una historia y unos afiliados a los que traicionar.

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