No aprieten más, por Tutatis

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Mariscal

No es fácil ser un político diligente. En estos malos tiempos, mucho menos. Sin embargo, los hay. Buenos políticos. Pocos, pero existen. Toman decisiones difíciles en momentos difíciles. Escasos. Muchos de sus colegas han desaparecido de la actualidad, invisibles e ineficaces, y se dedican a fruslerías doctrinarias. No hablaré de ellos. No me interesan, aunque sus modos de hacer condicionen mi vida y la suya. Podría decirles que siento vergüenza al contemplar algunas actitudes. Vergüenza por constatar que sea lo mismo mentir que decir la verdad, ser eficiente que inepto, deudor del propio ego o entregado al servicio público. Vergüenza cuando observo a altos mandatarios que deben representarnos a todos y solo se representan, como sainete chusco, a sí mismos y sus facciones. Lo dejo. Ya he escrito de esto en otras ocasiones. Hoy reflexiono sobre los buenos, la inmensa minoría, a los que les ha tocado lidiar con esta catástrofe que todo lo ennegrece. Los hay en todos los partidos políticos. Gobiernan autonomías, concejos, diputaciones o altas magistraturas del Estado. Serenamente se dirigen a todos nosotros. Y los escuchamos. Nos piden prudencia, y creo que la tenemos. Miedo, también. Pero no abren ninguna puerta a la esperanza. Nos dicen una y otra vez que quedan meses duros. Es su responsabilidad y quieren ejercerla del mejor modo posible. Pero quizá convenga levantar el pie. Creo que la ciudadanía ha llegado al límite. Tiene que ver con la deshumanización. En las cabeceras de comarca gallegas afectadas por los cierres de la hostelería, por ejemplo, la vida se ha convertido en una continua refriega con la tristeza. No podemos más. Yo, por lo menos, ya no puedo más. Ignoro cómo será en las ciudades, donde la gente puede moverse por espacios amplios y ver (aunque solo sea ver) a cientos de personas. En villas del rural «cerrado» ya casi no se ve a nadie. No tenemos ni donde tomar un café. No podemos comer con nuestra gente. Nos ahogamos porque hasta hemos olvidado saber nadar.

Lo que acabo de relatar, que puede parecer una impresión personal y baladí, tiene que ver con lo que escribí arriba: levanten el pie. Es terrible la enfermedad pero lo es también la desolación, como escribí el pasado jueves. Este es un grito de S.O.S. Quizá el mismo que profieren miles de gallegos. Estoy convencido de que los «buenos políticos» lo hacen responsablemente. Pero no se queden en las cifras: de las sanitarias a las económicas, de las subvenciones a los créditos. Las personas precisan de las personas.

No aprieten más. Se lo pido, como si fuese Astérix. Se lo pido por Tutatis. Aunque solo sea por quitarle hierro hasta al aire que respiro.