De suso a yuso


La emisión del anuncio de un detergente en el que los vecinos de Villarriba compiten con los de Villabajo nos hace recordar que son muchas las localidades españolas que comparten nombre y que se distinguen por ser unas las de arriba y otras las de abajo. Las Valeras, por ejemplo, es un municipio de Cuenca en el que se han unido lo que antaño fueron Valera de Arriba y Valera de Abajo y, mucho antes, Valera de Suso y Valera de Yuso.

A partir del siglo XII se emplearon en español suso y yuso, con el sentido de ‘arriba’ y de ‘abajo’, respectivamente. La General estoria de Alfonso X cuenta que «En el Nilo á una bestia que llaman cocadriz [cocodrilo]» que «cuando come muerde, e non mueve el carriello de yuso si non el de suso solo». Tanto suso como yuso se utilizaron profusamente, pero a partir del siglo XVII declinó su uso, hasta el punto de que hoy no aparecen más que en algunos topónimos.

Suso procede del latín vulgar susum, evolución del también latín sursum, que está en sursuncorda -fusión de sursum corda (‘arriba los corazones’)-, nombre de un supuesto personaje muy importante: No iré ni aunque lo ordene el sursuncorda. También está en susodicho (‘dicho arriba, mencionado con anterioridad’) que en los primeros siglos del español aparecía como suso dicho, omnipresente en todo tipo de documentos. Asimismo, vemos el rastro de suso en dos adjetivos que ya no se emplean, susano y susero (‘que está en la parte superior o de arriba’), así como en el adverbio asuso (‘arriba’).

De suso deriva la interjección sus, que se empleaba para animar y que se suele poner en boca de Santiago cuando aparece espada en ristre en la batalla de Clavijo y da el grito de «Sus y a ellos», la misma expresión que los niños de hace medio siglo vieron emplear al Capitán Trueno en los tebeos.

Suso está en muchos topónimos, algunos de ellos gallegos. Donde con seguridad es el que equivale a ‘arriba’ es en los lugares en que aparece un yuso, como Villasuso, localidad cántabra del municipio cuya capital es Villayuso. Aunque el caso más conocido es el del monasterio de San Millán de la Cogolla, formado por el de Suso, situado en el alto, y el de Yuso, en el núcleo urbano. En el primero escribió Gonzalo de Berceo versos donde lo menciona: «Si entender queredes toda certanidat, / dó yaze esta dueña de tan grant sanctidat, / en Sant Millán de Suso, ésta es la verdat, / fáganos Dios por ella merced e caridat». Amén.

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