Gobierno consolidado, país en barrena

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

R.Rubio.POOL

12 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Leo y escucho los comentarios sobre la situación política al cumplirse un año de las últimas elecciones. Existe coincidencia generalizada en dos apreciaciones. El Gobierno de coalición, por el que nadie daba un céntimo cuando tomó posesión, se ha consolidado y muy probablemente agotará la legislatura. El país, mientras tanto, se ha hundido en una espeluznante crisis sanitaria y económica. Ambas premisas parecen indiscutibles. Lo difícil consiste en explicar la dicotomía. ¿Cómo es posible que un Gobierno dividido, el peor de la democracia según el PP y de los últimos ochenta años según Vox, resista el vendaval más intenso desde la Guerra Civil?

Las crisis económicas -de las sanitarias tenemos menos experiencia- soliviantan a la gente y achicharran gobiernos. Los damnificados se echan a la calle o a la Puerta del Sol para arremeter contra el sistema. La «economía, estúpido» puede derribar presidentes en Estados Unidos. De lo que no existen antecedentes es de la correlación inversa: que el Gobierno se fortalezca a medida que el país se debilita. Los politólogos se devanan los sesos y no hallan una explicación convincente. Se limitan a expresar su perplejidad por la inactividad del volcán. O su frustración porque no haya entrado en erupción y los ríos de lava no hayan sepultado al Gobierno infame. Los más osados sugieren incluso una cierta responsabilidad de los ciudadanos por haber votado por el caos. Lo que supone caracterizarlos como un rebaño de borregos fieles al pastor que los apalea.

Mi explicación es otra. La dicotomía expresa el fracaso de una estrategia que pretendía establecer una maniquea relación de causa-efecto. El Gobierno como causa única de nuestras desdichas. Lo dijo Pablo Casado en un tuit de singular éxito: «La producción industrial ha caído en abril un 34 % en interanual, el mayor desplome de la serie histórica. La automovilística cayó un 92 %, lo nunca visto. Y la textil el 77 %. Otra vez la mala gestión de la izquierda lleva a España a más paro, crisis y recesión». Ni siquiera anotó que quizás el confinamiento tuviera algo que ver en el desastre.

En épocas normales, las falacias causales funcionan. Todos los políticos las utilizan. Si la economía va bien, los gobiernos sacan pecho. Si va mal, la oposición saca el látigo. Pero dudo que hoy por hoy dé resultado endilgar el drama a nuestros gobernantes, porque hay indicios de que el bichito no ha sido creado en la Moncloa. Cierto también que ningún gobierno eludirá el inevitable desgaste que produce la crisis. Ayer mismo, el CIS publicaba que seis de cada diez españoles han empeorado su opinión sobre el Gobierno. Reacción lógica y previsible. Primero, porque los gobiernos son nuestros chivos expiatorios: si te echan del trabajo, maldices al empresario que te despide y al Gobierno que lo permite, aunque la culpa la tenga el mercado. Segundo, porque a los gobiernos corresponde gestionar las tormentas, aunque no las hayan causado. Y este es el asunto que los ciudadanos, sin caer en la hipérbole casadiana, juzgarán rigurosamente cuando toque.