Trump, el gran Houdini

Jaime González Ocaña FIRMA INVITADA

OPINIÓN

CARLOS BARRIA | Reuters

01 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

He aquí una paradoja (otra más) de la era Trump. Por un lado, se le acusa de ser una amenaza para la democracia. Lo cual es verdad, debido a las tendencias neofascistas observadas bajo su mandato: corrupción, abuso de poder, culto a la personalidad, estigmatización de emigrantes y minorías, intento de manipulación del censo, supresión del voto, mentiras y falsedades, ataques a la prensa, defensa a ultranza de la extrema derecha, invitación a la militarización de la vida pública, y amenazas a los rivales políticos.

Por otro, hemos asistido a una movilización cívica en la política sin precedentes. Récord de participación electoral en las primarias republicanas del 2016, y camino de lo mismo en las demócratas del 2020, hasta que llegó el coronavirus; récord en el número de registro de nuevos votantes en el Partido Republicano, a la estela del fervor popular que causa en la derecha la figura de Trump; récord de participación electoral en las legislativas del 2018; explosión del número de mujeres candidatas, con récord de diputadas elegidas para el Congreso en el 2018, y para otros cargos públicos a nivel local y estatal (la mayoría demócratas).

Ahora, se palpa el entusiasmo y la movilización popular ante las presidenciales del 2020. Con la pandemia se ha facilitado el proceso y permitido en muchos estados votar hasta tres semanas antes del 3 de noviembre. Resultado: la participación va en alza. Según el U.S. Election Project del profesor de la Universidad de Florida Michael McDonald, mediante el voto por correo o anticipado 57 millones habían votado a diez días de las elecciones, más de un tercio del total de votantes del 2016. Por ejemplo: el 38 % del electorado en Texas (casi 7 millones), el 31 % del electorado en Wisconsin; más de 6 millones en California, 5 en Florida, 3 en Carolina del Norte, y dos en Georgia, Ohio, o Míchigan. «Cualquiera que sea tu afiliación política -escribía en The New York Times la analista Lisa Lerer-, este gran número de votantes es un faro para la democracia en un momento histórico de gran oscuridad».

La sensación es que las distancias entre Biden y Trump se han recortado. El empuje final de la campaña de Trump y el entusiasmo de sus bases se hace sentir. El voto por correo y anticipado es mayoritariamente demócrata, en una proporción de 3 a 1, o al menos 60-40 en lugares como Florida. Pero Trump confía en «una oleada roja» de voto presencial el 3 de noviembre, para darle un vuelco a la situación.

Trump aún lo tiene difícil. La presidencia se juega en seis estados: Arizona, Florida, Carolina del Norte, Míchigan, Pensilvania y Wisconsin. Los otros 44 caerán del mismo lado que cayeron en el 2016, salvo gran sorpresa. Aunque las combinaciones numéricas en el Colegio Electoral son múltiples, Trump va a tener que ganar al menos cinco de ellos, si no los seis. Pero a Trump nunca se le puede menospreciar. Es el gran Houdini de la política norteamericana: el rey del escapismo, el mago de la palabrería, el maestro del ilusionismo.