Cuando le preguntaron al ministro de Economía japonés, Taro Aaso, cuál era la medida que había conseguido que el 28 de enero Japón registrara su primer caso de covid-19 y a fecha de hoy apenas haya 700 fallecidos -y que el índice de mortalidad por cada 100.000 habitantes ronde el 1 % cuando en España alcanza el 75 %- sin recurrir a medidas drásticas como confinamientos obligatorios, Aaso respondió, escueta y lacónicamente: «Mindo».

Mindo se puede traducir de forma literal como «nivel de las personas», aunque el término se puede entender como «nivel cultural» de la gente.

Aaso argumentó que la población de su país acató obedientemente las medidas higiénicas del Gobierno (sin siquiera establecer multas a los infractores), situación que en Occidente resulta inconcebible.

Buscando más motivos, el filósofo surcoreano afincado en Alemania Byung-Chul Han menciona que en China la «vigilancia rigurosa» había sido el factor clave, pero que resulta impracticable en regímenes no totalitarios.

El mindo japonés ejemplifica «la importancia del civismo, de la acción conjunta frente una crisis pandémica» -como también lo demostró Japón en la catástrofe de Fukushima-. «Cuando las personas acatan disciplinadamente las reglas higiénicas y de supervivencia, no hacen falta controles ni medidas forzosas que tan costosas son en términos personales y económicos», dice Han.

Que existan grupos de adolescentes celebrando fiestas ilegales en plena pandemia es un síntoma del resquebrajamiento del mindo en Occidente; lo que deriva en una paradoja que hay que pensar seriamente: los asiáticos, que acatan las medidas sanitarias con obediencia, terminan teniendo más libertades que la individualista población occidental.

Sin embargo, para Han, «liberalismo y civismo no tienen por qué excluirse», y añade que «civismo y responsabilidad son más bien un pre-requisito esencial para el buen logro de una sociedad liberal». La pandemia ha dejado en evidencia la importancia de la solidaridad en una sociedad que «de lo contrario se desintegra en una colección de egoísmos».

En China no existe el término «esfera privada» y la infraestructura de vigilancia y control digital desarrollada resultó sumamente eficaz para contener la epidemia. El sistema chino sabe lo que hace el ciudadano en cada momento, es imposible moverse en el espacio público sin ser filmado por una cámara y todo lo que haga o diga será registrado y tenido en cuenta a la hora de sancionarlo o premiarlo con un sistema de puntos como el carné de conducir.

Estricta vigilancia digital o mindo; «pasa pa casa» o sentidiño. Esa es la cuestión.

Confiemos en que tras el virus venga una humanidad de personas dotadas de razón y de mindo, capaces de restringir radicalmente el capitalismo voraz, la ilimitada y destructiva movilidad y nuestro narcisismo egoísta de selfi. Para poder salvarnos todos y salvar el planeta.

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«Mindo»