Hay que besarse más


Los besos, dicen los científicos, desatan una serie de reacciones neuroquímicas en el sistema límbico, el que gestiona las diferentes respuestas fisiológicas ante los estímulos emocionales. De modo que cuando nos los damos, liberamos dopamina, la hormona del placer; oxitocina, la del apego; y serotonina, que nos protege de la tristeza. Hemos visto tantos besos de película que es difícil saber con cuál nos quedaríamos (Casablanca, De aquí a la eternidad, Desayuno con diamantes, La ley del deseo...), pero no hay duda de que los besos, cuando la vida se pone cuesta arriba, son más necesarios que nunca. Hay que besarse, elijan bien con quién, pero bésense para combatir la ansiedad que nos provocan las circunstancias. Súbanse la mascarilla un rato, decidan con quién quieren ser convivientes de la emoción y bésense como en una película. Es lo que hizo una pareja de hombres hace dos días en una terraza de Cartagena, en la que se mostraban a plena luz del día como dos enamorados. Se besaron y el hostelero, espeluznado, salió a llamarles la atención. No por el covid-19, no por la preocupación de un contagio que no existe entre dos que se aman, sino por su energúmena restricción ideológica. «No os volváis a besar, hay niños delante», les espetó. Todavía, ya les digo, quedan muchos pero muchos besos que darnos para cambiar esta pandemia que se llama homofobia. Besémonos más y que se aguanten.

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