Un virus Frankenstein


Era Jordi Évole quien en otros tiempos agarraba los temas de actualidad y los moldeaba para el gran público con su estilo personal. En esta segunda ola, el nuevo programa de Iker Jiménez en Telecinco se ha convertido en el Salvados de la pandemia, el espacio que plantea las preguntas incómodas de un crac con más incógnitas y consecuencias que todas las psicofonías de su «nave del misterio».

En esta lenta digestión de la realidad, su Informe covid se ha convertido en uno de los escasos contenidos que la programación dedica, al margen de los informativos, a hablar de la crisis sanitaria. Y la audiencia lo premia con récords como el del pasado jueves. El propio Jiménez se confesó abrumado con las afirmaciones de su entrevistada. Consiguió el primer testimonio para una televisión europea de Li-Meng Yan, la viróloga de la Universidad de Hong Kong que ha cruzado «la línea roja» de denunciar supuestas mentiras de China. Sus declaraciones son contundentes y la incertidumbre las hace prender fácilmente. El SARS-CoV-2, dice, no salió del mercado de mariscos de Wuhan ni se escapó por error de un laboratorio, sino que es un arma biológica, un «virus Frankenstein» diseñado por piezas a partir de una plantilla para atacar al ser humano. Para completar el guion de esta película, por contarlo su vida corre peligro, razón por la cual no revela en qué lugar se oculta ni quién la protege.

Los expertos del programa se quedaron como los espectadores. Para unos fue una prueba más de que en esta plaga existen muchos enigmas ocultos; para otros, fue tan solo una científica expresando no hechos, sino opiniones.

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