Las cañas se vuelven lanzas


Tiene Sanidad que levantar urgentemente los obstáculos que impone para la compra de Lexatín y Trankimazín. Y favorecer el consumo masivo porque estamos muy necesitados de serenidad. Como de reflexión. Así podríamos meditar tranquilamente sobre las tirrias y también odios que están marcando nuestras vidas.

¿Hasta dónde queremos llegar con este clima de tensión y enfrentamiento que vivimos y que no tiene freno? ¿Dónde pusimos el listón? O lo mismo es que no lo pusimos e inconscientemente vamos desbocados hacia el abismo. Que es lo que parece que nos está ocurriendo.

Disponemos de datos más que suficientes para saber que iniciamos un mal camino y que avanzamos por él a toda velocidad. Los últimos, anteayer en los actos de un día cuya celebración entraña ya más problemas que ventajas. La frialdad, la ausencia de simpatía y cercanía entre nuestros mandarines no augura un futuro prometedor. La inconsciencia con la que actúan y con la que se relacionan es impropia de un país democrático en estos tiempos. Hemos roto las cadenas que sujetaban la tolerancia y el entendimiento y nos estamos aproximando al desconcierto. Y al caos.

Algunos responsables políticos, muy preocupados por la situación que vivimos, la achacan a la presencia del facherío en la vida pública, a la lucha por el espacio de la derecha y a la incapacidad de los miembros del Gobierno por tomar las riendas. Puede que sea porque este clima casi irrespirable resulte rentable electoralmente. Por aquello de que siempre hay alguien que saca provecho de la radicalidad.

Pero la estrategia es extraordinariamente peligrosa. Deberían tener la madurez suficiente para saber que los garrotazos no conducen a buen fin. Y aquí lo que empezaron siendo unos desencuentros habituales ha virado a un clima casi irrespirable. Es imposible hallar un país del entorno sumido en tal grado de hostilidad y bronca, como el nuestro.

Alguien debe decirles a estos inconscientes, que lo son todos, que ya en el Siglo de Oro, habló Ginés Pérez de Hita, como también lo hizo Cervantes, del peligro que entraña que las cañas se vuelvan lanzas. Y que sin darnos cuenta la amistad, la cortesía y buenas relaciones pueden acabar en enfrentamientos y estacazos.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

Las cañas se vuelven lanzas