Un poderío físico y mental imbatible en las pistas


El pasado domingo vivimos un hito histórico en el ámbito del tenis español. Rafa Nadal se alzaba con su decimotercer título de Roland Garros. Una victoria demoledora ante un rival de categoría, una nueva muestra del gran poderío físico, técnico, táctico y mental. Pero si hay algo que ha sido significativo en la carrera de éxitos deportivos de Nadal es su fortaleza mental. Sus rivales, los analistas, los entrenadores, los periodistas e, incluso, los propios psicólogos del deporte, han puesto como ejemplo esta capacidad mental superior del tenista de Manacor. 

El entrenador de Medvédev, después de una derrota de su pupilo, se refería a la fortaleza mental de Nadal: «Si algo caracteriza a Nadal es que siempre pelea hasta el final y siempre encuentra algo positivo en un mal momento. Nunca da una bola por perdida, y ya en numerosas ocasiones hemos visto remontar partidos que tenía prácticamente perdidos o que ha tenido incluso bola de partido en contra».

La fortaleza mental de Nadal se forjó a lo largo de su carrera, por las experiencias vividas y por encontrar (con y sin ayuda) las formas de afrontar las diferentes adversidades que fueron apareciendo. Es por ello que ha construido una forma de pensar que le ayuda a extraer en cada partido su máximo rendimiento. Conceptos como la resiliencia, la percepción adecuada de la realidad, concentración en la tarea, la autosuperación, la autoconfianza, la autoexigencia, el autoconocimiento, los pensamientos positivos y realistas… se pueden llegar a entender, simplemente, observando los comportamientos que muestra en el campo, así como por las declaraciones antes, durante y después de los partidos.

Rafa Nadal ha desvelado, en más de una ocasión, qué piensa y cómo piensa en cada momento, lo que le ayuda y lo que le perjudica, es decir, aquello que le convierte en un tenista con una extraordinaria fortaleza mental.

Al realizar un análisis de sus comportamientos, apreciamos que Nadal tiene unos rituales marcados desde que entra en la pista, en el calentamiento, en el sorteo de campo, entre puntos, en el cambio de campo, en los descansos… Rituales que, posiblemente, se fueron transformando en rutinas con el paso del tiempo. Estas rutinas le favorecen en el control de la situación, pues depende totalmente de él, y le ayudan a estar concentrado en la tarea. Podríamos estar ante la base de su fortaleza mental, en la que entran en juego los diferentes pensamientos y comportamientos que le acompañan en un partido. Desde la famosa verbalización «vamos Rafa» (refuerzo a través del autohabla) apretando el puño, en golpes ganadores o muy disputados, hasta la capacidad de agarrarse a la pista en momentos con marcador desfavorable, usando pensamientos como «cada punto es el más importante, me olvido del pasado y me centro al 100 % en ganar este punto». Cuando un deportista gestiona de esta forma sus pensamientos y sus emociones consigue llegar con mayor facilidad al denominado estado de flow, en el que todo le sale con facilidad, cuando se está totalmente concentrado, la sensación es que se anticipa a lo que va a ocurrir y se tiene una gran confianza en cada golpe.

Al finalizar este torneo de Roland Garros, Nadal afirmaba que «veía muy bien la bola, que se anticipaba al rival, que estaba muy metido…», es decir, logró fluir, consiguió el ansiado estado de flow.

En el tenis, la primera victoria debe producirse contra uno mismo para poder, de esta forma, afrontar el partido contra el rival. En el caso de Nadal se juntan los ingredientes para estar ante una mente privilegiada, con gran inteligencia deportiva, que acaban por señalarlo como uno de los mejores deportistas de la historia y como un ejemplo de fortaleza mental.

Por Joaquín Dosil Profesor de Psicología del deporte en la Universidad de Vigo y coordinador del servicio de Psicología del Celta

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