La necesidad de elaborar unos presupuestos (una lista de ingresos y gastos) para recibir las ayudas de la UE ha generado una sucesión de titulares de prensa sobre la necesidad de subir o no los impuestos. Nunca como hoy la oportunidad de resumir qué sabemos los economistas (y deberíamos enseñar en las facultades a nuestros alumnos).

1.- Los debates de política fiscal no deberían centrarse en la necesidad de subir o no lo impuesto, sino en la idoneidad de afrontar un mayor gasto público. Metodológicamente, sería deseable conocer primero la posición de cada actor político respecto al gasto público que se pretende financiar y luego discutir cómo financiarlo. Resulta chocante, al menos para mí, que todas las opciones políticas siempre reclamen más gasto en sanidad, en educación, en investigación... (la renta mínima vital fue aprobada por unanimidad en el Congreso) y, sin embargo, estén dispuestos a renunciar a que dicho gasto se financie con o sin más impuestos.

Deberían recordar que si estamos de acuerdo con el gasto que vamos a financiar no es posible elegir entre pagar más o menos impuestos. Si gastamos más pagaremos más impuestos, sí o sí. Solo podemos elegir cuándo los pagamos (hoy o mañana/nosotros o nuestros hijos). Esta es una de las grandes aportaciones de David Ricardo (economista del siglo XIX) a la ciencia económica.

Con acceso al crédito (y si nos preocupa el bienestar de nuestro hijos), discutir cómo financiamos el gasto del Gobierno (con impuesto o con deuda) es una pérdida de tiempo. Por supuesto, la discusión tiene mucho interés político para aquellos de nosotros que pensemos que la crisis la debe pagar otro (el otro que puede ser rico, o comprar artículos de lujo o contaminar mucho). Todo mi respeto a las preferencias políticas de todos y cada uno de nosotros (yo por supuesto tengo las mías y usted las suyas), pero insisto: si puede, exija que le expliquen cuál es la posición de cada actor político sobre gastos y no sobre impuestos. Lo contrario es una pérdida de tiempo.

2.- Aumentar el gasto publico crea empleo. Este es el famoso multiplicador keynesiano (no se preocupe si no entiende nada, no tiene mucho interés). Nunca como hoy para mostrar lo falaz de la creencia de que el gasto publico en sí mismo crea empleo. Las medidas de confinamiento adoptadas para hacer frente al covid-19 nos impiden trabajar la cantidad de horas que nos gustaría hacerlo. ¿Trabajaríamos más si licitásemos un túnel o un ascensor en la ciudad de Vigo? Claramente no. Si no se ejecutan los proyectos que se licitaron en su día (antes del covid-19), ¿por qué se van a licitar los otros proyectos del Gobierno? ¿Por ser nuevos? No lo creo. Esta es una crisis de oferta que afecta a la capacidad de transformar nuestro tiempo en riqueza. Estímulos de demanda solo generan precios más altos, pero no crearán más empleo. Un aumento del gasto público no crea riqueza si no es capaz de crear empleo -y esto sirve para cualquier recesión en general-. El famoso «multiplicador keynesiano» es un espejismo de corto plazo que, una vez más, solo resulta útil para justificar -como recomendaba Keynes- el uso de nuestros impuestos en gastos inútiles. Con sus ingresos no sigan el ejemplo.

Por José María da Rocha Catedrático de universidad de Fundamentos del Análisis Económico. Ecobas-Universidade de Vigo

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Guía para seguir la negociación de los presupuestos