El rescate de los autónomos


En los últimos años, la palabra rescate se ha puesto de moda en el lenguaje económico. Oímos hablar de rescate de entidades financieras e incluso de países enteros, que reciben inyecciones de dinero de un tercero (eufemismo para definir nuestros bolsillos), para poder hacer frente a sus compromisos más inmediatos y evitar así la quiebra o la ruina.

Pero hay un colectivo del que unos y otros solo se acuerdan a la hora de pagar impuestos, los autónomos, paganos de las crisis. Trabajar sin descanso, trabas administrativas, elevados costes sociales, una presión fiscal confiscatoria, dificultades extremas para acceder a financiación son el día a día de un colectivo que, en realidad, debería ser mimado por la Administración, porque es el que realmente paga los impuestos y sostiene el poco empleo que va quedando.

En el actual escenario económico y laboral, con una situación de pandemia y una crisis económica como no se recuerda, los autónomos somos de nuevo los grandes olvidados. Es cierto que se aprobó una prestación extraordinaria por cese de actividad, que benefició a la mitad del colectivo, pero solo duró tres meses. A partir de ahí, las nuevas ayudas han sido un absoluto y anunciado fracaso. El 30 de septiembre, sectores enteros, hosteleros, restauradores, comerciantes, taxistas, agentes comerciales, profesionales de la educación, feriantes y autónomos de temporada, todo lo relativo al ocio y el turismo, gimnasios; en fin, tantos y tantos autónomos van a ver cómo, si el escenario no cambia, quedarán con una mano delante y la otra detrás, absolutamente dejados de la mano de Dios. A estas alturas, casi 300.000 no han podido subir la persiana todavía. Ahora, de cara al otoño, el colectivo teme volver a la situación anterior, pero con una diferencia: esta vez ya no habrá prestación por cese de actividad, que al menos atenuó el sufrimiento de una parte del colectivo durante el confinamiento decretado por el Gobierno.

Precisamente por ello, el Gobierno no puede dejar abandonados a los autónomos; es imprescindible que la prestación por cese de actividad se recupere, al menos en los parámetros de los meses en que estuvo vigente el estado de alarma, hasta mediados del 2021, haciéndola compatible con la actividad, y siempre vigilantes para, en el caso deseable de mejoría en la situación sanitaria, recuperar cuanto antes la normal actividad y la terminación de la ayuda, porque los autónomos lo que queremos es trabajar en libertad y ganarnos la vida honradamente.

Además sería preciso aplicar una moratoria fiscal, hasta mediados del año próximo; no se puede pensar en subir impuestos, ni siquiera en mantenerlos, cuando sectores enteros están trabajando a mitad de aforo, con grandes limitaciones de horario o de movilidad, sin turistas, con muchos trabajadores teletrabajando, con la Administración semiparalizada.

Además habría que reducir el IVA de productos y servicios que sufren las medidas restrictivas, el ocio, la hostelería, el ejercicio físico, etcétera, así como de otros productos que ahora son obligatorios, como las mascarillas. Reducir el IVA a cero, directamente y mientras dure la emergencia sanitaria.

Estamos hablando de una situación económica de absoluta emergencia, igual que la sanitaria o peor, porque la sanitaria la solucionaremos más pronto que tarde, pero la económica durará años, si no lustros.

Los autónomos no merecen ser abandonados por ningún gobierno, cuando somos precisamente nosotros quienes, con nuestro trabajo, esfuerzo y sacrificio, financiamos al Gobierno. Es hora de resistir, pero también de exigir lo que es justo. Es hora de rescatar a los autónomos.

Por Francisco Javier Pérez Bello Presidente de la Federación de Autónomos de Galicia

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