Sánchez, imponente: ¡un nuevo récord!

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Eduardo Parra | Europa Press

11 sep 2020 . Actualizado a las 00:35 h.

Como esos deportistas que solo pelean ya contra sí mismos, y baten sus propios récords una y otra vez, Pedro Sánchez, poseedor hasta la fecha de marcas importantes, aunque todas políticamente desastrosas, vuelve por sus fueros: de los más de seiscientos reales decretos-leyes aprobados en España desde 1977 solo tres no han sido convalidados por el pleno del Congreso de los Diputados, y dos corresponden al período presidencial del actual líder socialista. Dos de tres, en más de cuatro décadas: sin duda, un auténtico portento.

Y es que ayer, como ya todos los medios de comunicación habían avanzado, la Cámara baja de las Cortes Generales rechazó por una rotunda mayoría (193 votos en contra por 156 a favor) el real decreto-ley 27/2020, de 4 de agosto, de medidas financieras, de carácter extraordinario y urgente, aplicables a las entidades locales, cuya principal previsión consistía en ofrecer a los ayuntamientos que pusieran sus remanentes de tesorería (15.000 millones de euros en el conjunto de España) a disposición del Estado de manera voluntaria, en calidad de un préstamo que les sería devuelto, al cien por cien y con intereses, en un plazo de quince años a partir del 2022.

La medida, propuesta por el Ministerio de Hacienda a la Federación Española de Municipios y Provincias, fue muy polémica ya desde el principio, pues suscitó un amplio rechazo de muchísimos alcaldes más allá de siglas de partido. De hecho, la federación la aprobó con el único apoyo del PSOE, que para ganar hubo de echar mano del voto de calidad del presidente, lo que colocó a Abel Caballero en una posición muy comprometida que, tras el varapalo de ayer en el Congreso, lo deja tan literalmente tocado que su salida más honrosa sería dimitir como presidente de la FEMP.

Pero la posición minoritaria de Sánchez y sus 120 diputados, que incluso hubieron de aplicarse a fondo para lograr el apoyo de ¡Podemos!, resulta solo comparable a su soberbia, aquella de la que escribía Francisco de Quevedo, en uno de sus Poemas Morales, que es «artífice engañoso» pues su «fábrica [da] pompa y no provecho». Así pudo ayer comprobarlo con dolor el Gobierno, que sufrió en la cámara una derrota estrepitosa, pese a las amenazas de la ministra de Hacienda, quien advirtió una y otra vez a los alcaldes que no habría «una segunda oportunidad». Es decir, que no estaba dispuesta ni a negociar más allá de lo pactado a la fuerza, cuando le vio las orejas al lobo de la no convalidación, ni, por supuesto, a impulsar un cambio de la ley de estabilidad presupuestaria que, aprobada bajo el Gobierno de Rajoy, impuso la congelación de unos remanentes que los ayuntamientos necesitan, hoy más que nunca, para hacer frente a la avalancha de necesidades nacidas de la lucha contra los destrozos provocados por el covid-19.

El episodio de ayer pone de relieve la existencia en la política española de una coincidencia tan dramática como difícil de creer: que el Gobierno más débil de nuestra democracia sea también el más autoritario.