Toca focalizar, dentro de un plan


Las previsiones, o más bien deseos, de que el alcance de la pandemia fuese limitado tanto temporal como geográficamente se descartan en el momento actual. El verano nos ha confirmado su carácter global y su capacidad de expansión en cuanto se relajan las restricciones. Aún en el escenario optimista de una vacuna eficaz a principios del próximo año, seguirán siendo necesarias durante bastante tiempo limitaciones a la libre movilidad e interacción de las personas y, con ellas, se mantendrán sus efectos sobre la actividad económica.

Ya no hay duda de que el impacto sobre la economía será más intenso del inicialmente previsto, por lo que tenemos que replantearnos la respuesta de la política económica. En el momento inicial todos los gobiernos, en mayor o menor medida según sus márgenes presupuestarios, pusieron en marcha programas agresivos de gasto con una triple finalidad: mantener en condiciones de supervivencia el tejido productivo, garantizar rentas a aquellos más afectados y estimular todo lo posible la demanda. Fueron medidas articuladas de forma urgente y programadas con un carácter temporal, para unos pocos meses. Se trataba de gastar todo lo necesario para que la huella sobre la economía fuese la menor posible, aunque eso afectase a las finanzas públicas, y ese era el planteamiento correcto: si la economía mantenía su capacidad retomaría su dinamismo una vez superada la pandemia y tiempo habría de reequilibrar las finanzas públicas.

Pero una vez clarificado el escenario, que nos muestra que la cruzada no será breve, tenemos que replantearnos la respuesta en materia económica. Por un lado, no cabe duda de la necesidad de mantener los estímulos a la economía, pero, por otro, y aún contando con la ayuda europea, los recursos son cada vez más limitados y el impacto sobre el déficit, de prolongarse en el tiempo, puede poner en cuestión la sostenibilidad futura de las finanzas públicas, con todo lo que ello conlleva.

Conjugar ambas realidades supone pasar de las políticas transversales a las selectivas, de la brocha gorda al pincel fino, es decir, focalizar los estímulos en aquellos sectores más vulnerables y afectados por la crisis pero que, a su vez, mayores posibilidades y potencial tendrán en la nueva realidad económica que, sin duda, será diferente tras la pandemia. Solo así se garantizará la eficacia de los recursos empleados, se reorientará la economía en la dirección adecuada y se podrá mantener la sostenibilidad de las finanzas públicas.

Pero ese rediseño de los estímulos económicos debe realizarse conjuntamente con la elaboración y aprobación, con el máximo consenso posible, de un plan de reformas estructurales y de ajustes que posibilite salir de esta crisis económica con los cambios en el sistema productivo que necesitamos. Aunque muchos de esos ajustes y reformas no podrán implementarse de forma inmediata por la situación en la que nos encontramos, su planificación no se puede demorar más, porque solo teniendo claro los objetivos a perseguir y el marco para conseguirlos, podremos ir dando pasos en la dirección adecuada.

Por Miguel A. Vázquez Taín Presidente do Consello Galego de Economistas

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