Padres, profesores, alumnos, personal sanitario y científicos de palleiro dudan que sea viable el plan de Gobierno y comunidades autónomas para el inicio del curso escolar. A buen seguro que también lo cuestionan quienes lo aprobaron. Porque ni uno solo de los ciudadanos que habitamos este país, ni el que vive en la cima del Pico Cordel, si es que allí vive alguien, cree que el curso vaya a desarrollarse con normalidad. Desde que el virus nos acompaña, nuestra existencia camina entre la alarma y el sobresalto. Y así va a continuar en los próximos meses. O años, si nos atenemos a lo animosa que se muestra la OMS cuando nos dice que la pandemia podrá controlarse en algo menos de dos años.
Por eso, rechazar cuanto se acuerda o hacer planes a corto plazo resulta inútil. Es perder el tiempo. Lo saben bien esos que sacaron pecho diciendo que tenían controlado el virus y los que programaron juergas y verbenas previendo que las cancelarían. Aplicando un mínimo del sentido común que nos queda, la situación en la que estamos inmersos nos lleva a ser extremadamente cautos. A no ir más allá de lo que la realidad nos dicta. Y ya dice el ministro Illa que estamos como estamos. Y como estamos es liderando el porcentaje de contagios de Europa. Y al alza.
De ahí que, por una vez, las autoridades educativas de este país, que llevan una trayectoria memorable de incapacidad, desencuentros y alborotos, han optado por la sensatez y acordaron una serie de medidas, a partir de la situación más realista que es la actual, y establecer nuevas disposiciones en función de cómo varíe la situación. Es todo lo que se podía hacer.
El problema no es solo español. Más de mil millones de escolares tienen sus colegios cerrados y no saben qué será de ellos. Países que se lanzaron a abrirlos han dado marcha atrás. Que puede que sea lo que ocurra aquí, pese a las medidas aprobadas. Pero a ese otoño horroroso que dicen los científicos, hay que hacerle frente. Con serenidad, sensatez y sabiendo que se puede fracasar. Que es lo que hicieron, por una vez y probablemente sin que sirva de precedente, los responsables educativos. Y por una vez, y sin que sirva de precedente, han acertado. Porque, tal y como estamos, se hace lo que se puede.