Crisis en la ciudad de las TIC


Han pasado dos años desde que la lucha por rehabilitar el espacio industrial de la antigua Fábrica de Armas de A Coruña empezó a ver la luz. La sensibilidad de una ministra de Defensa con los asuntos sociales e industriales como guía contribuyó, sin duda, a dar un giro sustancial en el devenir del conflicto. Las múltiples jornadas de protesta, el sacrificio y la denuncia de los trabajadores abría el camino a recuperar la producción y el empleo. 

En un procedimiento guiado desde el inicio por los trabajadores, se acordó como principio fundamental el consenso entre las partes: empleados, ciudad y comunidad autónoma, en el marco de un consorcio que integraría a empresas y organizaciones que compartieran este interés común. Nadie más indicado que la Universidade da Coruña para conducir ese proyecto de recuperación industrial que llevó el nombre de Ciudad de las TIC.

La clave era la creación de un centro avanzado que retuviera la capacidad industrial instalada con oportunidades de desarrollo no solo en el sector de la defensa, sino también en el área civil, conservación y transferencia del conocimiento acumulado por los trabajadores, con apertura a sectores como el energético o el aeronáutico. En ellos, Galicia es industrialmente deficitaria, y en los que la Universidad jugaría un papel fundamental uniendo sinergias entre la investigación e innovación y la actividad industrial, con generación de empleo industrial nuevo y de calidad. Una estimación suponía que en un año se contaría hasta con 100 empleos nuevos y de calidad. Si la Universidad prescindiera de la infraestructura instalada, los costes provocados por la remoción, el traslado a otra ubicación y la puesta a punto en otro lugar serían millonarios para la institución. Sería conveniente -y transparente- que el rector explicara este aspecto.

El proyecto había de ser mixto, y ese fue el eje del acuerdo con Defensa, integrando desarrollo industrial y tecnologías de la información y la comunicación. Pretender industria 4.0 sin industria sería un absurdo. Una necesaria colaboración público-privada debería constituir una prioridad para la Universidad, que excluye ahora incomprensiblemente la dimensión de desarrollo industrial sobre la que se sustentó el acuerdo con Defensa, y que tuve la honra de ayudar a facilitar desde mi responsabilidad como diputado en el Parlamento. La actitud del rector en esta operación supone desarraigar el talento gallego, alejando oportunidades reales de trabajo para nuestros jóvenes y echar a perder capacidades actuales de producción de las que únicamente puede disponerse en esta ciudad en todo el país.

El proyecto Ciudad de las TIC posee dos dimensiones irrenunciables: TIC y desarrollo industrial. El rector debe respetar el acuerdo. De otro modo sería desleal con el esfuerzo desarrollado, en un contexto de futuro sobre el que se dibuja una grave crisis que hace necesario hacer valer la capacidad de la Fábrica. Dar la espalda a trabajadores, a empresas o a organizaciones sociales es dar la espalda a la sociedad.

Por Ricardo García Mira Catedrático de Psicología y exdiputado en el Congreso

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