Nos enfrentamos a tiempos complejos de gran incertidumbre. En breve, la responsabilidad de gestionar los difíciles aspectos, de salud y económicos, pasará del entorno público al privado. Los directivos más que nunca deben tomar decisiones tácticas y estratégicas al mismo tiempo, con un esfuerzo extremo de su capacidad de intuición.
El puesto de trabajo se ha redefinido para siempre. Del mismo modo, se han producido las circunstancias perfectas para que toda reticencia con el mundo online desaparezca. Con ello, se vislumbra una tremenda aceleración en la digitalización y en la gestión inteligente de la información, que nos ofrecen un potencial ilimitado al expandir y mejorar las capacidades en todos los niveles de las relaciones, tanto dentro de las organizaciones como con los entornos externos de proveedores y clientes.
La oleada de innovación que ha llegado lo hace de una manera obligada, por pura supervivencia, y nos exige replantearnos la redefinición de los espacios físicos, en oficinas, fábricas o tiendas, donde se ha reducido al máximo la necesidad de realizar interacciones en persona. También nos lleva a redefinir el contacto con nuestros clientes, en territorios seguros que mantengan la mejor experiencia posible de compra. Y finalmente, nos obliga también a modificar la gestión directiva de personas; más que nunca la gestión del talento pasa a ser inmediata y virtual, y tambalea de raíz la efectividad de las largas reuniones presenciales.
Toda organización, todo negocio y todo directivo se enfrentan a una redefinición de la competitividad en un entorno cambiado. Brutalmente apremiantes en algunos sectores, algunas de las tendencias digitales han explosionado de manera impensable hace unos meses y obligan, en el peor momento económico, a realizar inversiones que permitan continuar siendo competitivo.
La gestión de esta crisis supondrá un antes y un después para las empresas, estamos convencidos de que actuará como catalizador de nuevos modelos de negocio, nuevos procesos y nuevas formas de trabajar, y es en sí una oportunidad única. Es obvio que es más fácil transformarse a un ritmo acelerado por obligación que por visión digital, y hay que digerirlo en las diferentes áreas empresariales: optimización de la cadena de suministro, conexión con los clientes o potenciación de la fuerza de trabajo, siempre garantizando la continuidad del negocio de manera segura.
Es el momento de acelerar en el uso del canal digital y de la información inteligente, y de todas sus derivadas. Las tendencias acentuadas por los cambios vividos en tan pocas semanas, como el repunte del canal online o el uso más intenso de la nube, desembocan en mayor información que genera un mayor conocimiento de la analítica e inteligencia artificial para el aprovechamiento de los datos.
Las preferencias y los comportamientos de los consumidores no volverán a ser los mismos y menos de golpe, por lo que las operaciones y las herramientas empresariales deberán adaptarse a estos nuevos comportamientos. El comercio electrónico vive un momento dulce, ya que para muchas empresas ha supuesto la única vía para generar negocio durante meses: desplegarlo o reforzarlo es una absoluta prioridad. Pero la innovación también es la respuesta para las tiendas físicas: ofrecer una experiencia segura a través de la distancia social, el control de aforo e, incluso, la detección de mascarillas debería ser una práctica obligatoria en cada establecimiento.
Asimismo, los canales de comunicación externos con los clientes también deben adaptarse a esta nueva realidad, migrando del canal físico al online, a través de bots, chats y otras herramientas que permitan una atención automatizada y personalizada, que responda al cliente cómo y cuándo lo necesite.
El concepto de puesto de trabajo también se transformará. De hecho, el trabajo en remoto ha sido la tabla de salvación de muchas empresas. El objetivo es no perder agilidad, por lo que las compañías deben adaptarse a las Nuevas Formas de Trabajar (NWoW), desde la conectividad a la colaboración avanzada, desde la mejora de la productividad y la gestión inteligente hasta la automatización de procesos. Son momentos difíciles, demandantes para directivos y empresarios, pero es hora de analizar nuestro negocio, detectar oportunidades y adaptar nuestra propuesta de valor, no solo para garantizar la supervivencia durante este tiempo turbulento, sino para sentar las bases del crecimiento en el futuro.