Resurrección de «El ala oeste»


El ansia con que las series se devoran en la era del streaming produce paradojas sorprendentes. Una de ellas es la que lleva a las plataformas a dar prioridad a productos nuevos perecederos por delante de algunos títulos contrastados. Por eso una de las noticias sorprendentes del verano es la llegada al catálogo de Amazon Prime de El ala oeste de la Casa Blanca, un referente de calidad y relevancia incontestables. Hasta ahora resultaba imposible encontrar la serie en ningún servicio a la carta a pesar de la abundancia de una oferta concebida para tener a espectadores de todas las edades sentados todo el día consumiendo capítulos en bucle.

Quien no hubiese visto en su momento la serie de Aaron Sorkin, considerada por muchos la piedra fundacional del drama político moderno, o aquel que quisiese revisarla veinte años y varias legislaturas después solo tenía como opción el recurso del soporte físico, un bien material hoy anacrónico. Si merece la pena repasar sus episodios es porque el idealista y brillante presidente Bartlet es la antítesis de los políticos actuales. Puede que la estética de la serie haya envejecido, que sus trajes tengan un corte demasiado noventero para la moda actual y que las alfombras de sus pasillos no se vean hoy tan mullidas como las de la suntuosa House of Cards, pero sus guiones conservan la consistencia de los grandes clásicos.

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