Todo el país vive acongojado con los rebrotes que se multiplican por doquier. Aún no sabemos el número real de muertos por el covid-19. Llevamos tres años con los Presupuestos de Montoro, que ya eran malos, según los que ahora nos gobiernan, cuando se aprobaron. El 53 % de los mayores de 16 años que viven en España no trabajan porque no tienen dónde. No sabemos qué tendremos que hacer para conseguir el dinero de Europa con el que pretendemos vadear el primer tramo de la crisis que se nos avecina. Los escándalos se agolpan sobre la monarquía, los partidos y algunas comunidades autónomas... La retahíla de problemas que nos acecha es eterna, pero al líder del tercer partido en el Congreso le parece más urgente lanzar una moción de censura imposible para perder otro par de semanas en estériles discusiones cuyo final se conoce de antemano y que no le servirán más que para coleccionar unos pocos minutos de televisión.

Si de verdad busca ser útil al país, Abascal podría haber aportado sus ideas en la comisión de reconstrucción a la que renunció para ganarse otro titular. O presentando proposiciones de ley en el Congreso para dejar en evidencia a esos adversarios políticos que le rechazan y que él rechaza.

El problema no es que cohesione a la mayoría de la investidura de Sánchez. El problema es que vamos a perder un tiempo valiosísimo.

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