Repensar el turismo


Tenemos en el aire el 12 % de nuestro PIB, que es el que nos aporta el maná del turismo. Como idea sirva decir que hasta hoy las pérdidas se estiman en más de 45.000 millones. Los rebrotes por coronavirus llevan a pensar que la temporada está malograda y que la decisión de veto de países de medio mundo dañará no solo esta campaña sino también las próximas, por mucho que la situación mejore y que nos apresuremos a vender una imagen de país seguro y responsable.

Los rebrotes por coronavirus no solo afectan a España. Países Bajos, Alemania, Eslovaquia, República Checa, Polonia, Rumanía y Bélgica, por citar algunos de nuestro entorno, padecen una situación similar. Pero ninguno de ellos tiene tanta dependencia de los visitantes como el nuestro. Aquí el pasado año recibimos 83,7 millones de viajeros que nos dejaron 92.278 millones de euros, según el INE. Aquí ofrecemos buen tiempo, diversión y también alcohol y juerga. Que es lo que le va a una gran parte de nuestro turismo. Las cogorzas. El ejemplo lo tenemos en Magaluf, Gandía, Salou o Lloret de Mar, donde el cubalibre circula por las aceras; pero además existe otro turismo de muy dudosa utilidad.

Desde los tiempos de aquel general bajito, España tuvo en el sector turístico, junto con el ladrillo, su principal fuente de riqueza. Por ingresos y por empleo. Pero, ahora que según parece la pandemia va a cambiar nuestras vidas, puede que no sea un mal momento para realizar una profunda reflexión sobre la conveniencia de mantenerlo tal y como está. Venecia aprovecha la crisis para repensar su modelo turístico, cansada de calles abarrotadas de gente y de inmundicia.

España necesita del turismo. Pero no de un turismo descontrolado y de zapatilla. No de un turismo low cost. Con un bajo valor añadido. Necesita un turismo sostenible, que no degrade el medio ambiente; porque ejemplos tenemos desde A Mariña a las Rías Baixas. Y que además de riqueza nos aporte prestigio internacional. Tenemos que cambiar el perfil del visitante y atraer a los de una mayor capacidad de gasto. Tenemos, en definitiva, que diseñar el futuro de nuestro turismo. Y ahora es el momento. Para no seguir instalados en el lamento y el gimoteo el resto de nuestras vidas.

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