Gol-fas

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

Mario Triviño | Europa Press

29 jul 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Salía Yolanda Díaz de un acto en Toledo. Una protesta le cortó el paso al coche oficial. Apenas un puñado de señores con pancartas. En esos lienzos se viene expresando la democracia desde que la tenemos. La ministra conoce bien ese lenguaje. Ha estado más años detrás de ellas que delante. El otro día las empuñaban algo así como protaurinos. Es lo que tienen las herramientas. No son ni buenas ni malas. Solo instrumentos. No importa ahora la consideración del descontento. El objeto exacto de la reclamación. Sí los protagonistas de la secuencia y la separata de guion. Dentro del coche, una mujer. Fuera, un puñado de hombres que la increpan. Podían haber centrado el discurso en sus demandas. Algo así como una reclamación de ayudas en la era covid. Pero en el alboroto no se escucha la palabra discriminación. Ni siquiera la palabra toro. Sobresale por encima de todas una. Pronunciada con una repentina acentuación aguda y un ritmo sincopado muy reconocible. Como en el arranque de Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Lo-li-ta. Allí, «la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta». Aquí, la palabra arranca en la garganta y explota entre los dientes como un cuchillo que invita a levantar el labio como si fuera el belfo de un perro a punto de clavarte los dientes. La palabra vuela por la protesta, sobre el coche de Díaz, sobre las calles de Toledo, se cuela por los micros que graban la escena, rompe la pantalla y llega hasta tus oídos. Arranca en la garganta y explota entre los dientes como un cuchillo. Golfa. Gol-fa. GOL-FA.