Ni vencedores, ni vencidos

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Quien no se consuela es porque no quiere. En la cumbre del Consejo Europeo todos han ganado y nadie ha perdido. Aparentemente. Lo que divide hace saltar chispas pero, como no podía ser de otra manera, lo que une evidentemente es más importante. Todo por el pragmatismo. Se ha hecho de la necesidad virtud, como escribí hace un mes en estas páginas.

Me interesa destacar el papel de Alemania y Francia, porque sin la complicidad de ambos la cumbre hubiera sido un fracaso. Plantearon hace meses un fondo de recuperación de 750.000 millones de euros y así ha quedado al final. Todos los demás países han estado bailando al son del eje franco-alemán. Con la presidencia de la UE en manos alemanas, Merkel ha hecho de policía buena y Macron de policía malo. En varias ocasiones ha tenido que pegar un puñetazo en la mesa. Cuando Conte, el primer ministro italiano, se revolvió contra Rutte por la exigencia de veto si se producía incumplimiento, Macron los sentó en una cena con Merkel y Charles Michel. Puso firmes a ambos y las aguas volvieron a su cauce. De todos modos, yo creo más en el control de la Comisión que del Consejo. Macron tampoco dudó cuando tuvo que afear llamándole maleducado al canciller austríaco Kurtz por levantarse de la mesa para atender una llamada de móvil.

Los países denominados frugales hicieron su papel. Bastante bien, a tenor de las conclusiones. Han conseguido rebajar 110.000 millones de euros no reembolsables y han obtenido un cheque compensatorio por su contribución presupuestaria. Además han obtenido un súper freno para la verificación de los objetivos de recuperación. No está mal. Saben los frugales que han obtenido grandes contrapartidas, pero son muy listos para no dar las gracias. Rutte fue el niño malo de la historia. Suecia, Dinamarca, Austria y Finlandia le respaldaron. Uno de los momentos más delicados de la cumbre fue su enfrentamiento con Orbán, de Hungría. El húngaro amenazó con vetar la cumbre por las críticas a su política autoritaria con la prensa y la justicia de su país. Esta es una auténtica bomba atómica contra la UE. Polacos y húngaros no acaban de asimilar lo que es un Estado de derecho y una democracia liberal y parlamentaria. Tras la propuesta conciliadora del letón Krisjanis Karins, no se aplicará el artículo 7º del Tratado de la Unión y todo ha quedado en que el control para recibir fondos presupuestarios necesita de una mayoría cualificada.

De la participación de España poco se puede decir, salvo que Pedro Sánchez ha estado mejor haciendo el papel de silente activo que abriendo la boca. Nuestros mejores defensores fueron Alemania, Francia y, en menor medida, Italia. España estaba en buenas manos. Lo que tenía que oír ya lo escuchó en su periplo anterior por los países frugales. No es políticamente correcto decirlo, pero en esta cumbre hemos pintado más bien poco. Para consumo interno ahora queda la propaganda.

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