Servicios forestales para afrontar los incendios de sexta generación

Ramón Rozadillas Valverde LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

A principios del mes de julio, los técnicos de incendios forestales de Galicia (grupos A1 y A2 de los servicios centrales y provinciales y de los distritos forestales) votaron ir a una huelga indefinida a partir del próximo 1 de agosto. La decisión se tomó en asamblea, en la que participó más del 80 % del total del personal y casi otro 80 % votó de forma afirmativa. Sinceramente, me impresionó tanto la afluencia de compañeros votantes como la contundencia del resultado.

Teniendo en cuenta que somos un cuerpo facultativo de gestión y que en 30 años nunca se había hecho una protesta de este calado, algo estará sucediendo para que provoque una reacción tan contundente. Y es que somos un colectivo que ha estado al frente del servicio contra incendios desde su fundación y que en los años noventa del siglo pasado un gran número de técnicos estuvieron trabajando precariamente con el seguro agrario y mediante contratos de obra (a algún personaje le hubiese gustado que siguiéramos así, seguramente). Asimismo, hemos trabajado para los servicios de montes desde que se formaron los distritos forestales, hace ya veinte años. Y todo este tiempo nos hemos dedicado a gestionar, a ser eficaces, teniendo en cuenta que nuestro campo de juego era el atender los 14.000 incendios forestales de media anual en Galicia y la mitad de la madera de toda España, con todos los procedimientos administrativos generados, sin ser ni mucho menos la mitad de la plantilla de ingenieros forestales de todo el Estado.

Nos vamos a la huelga porque llevamos más de 12 años desde el último acuerdo, porque se nos ha ninguneado desde hace 24 meses intentando sin éxito hacer uno nuevo en el que se reflejasen las distintas realidades que hoy existen: incendios de sexta generación, gestión especializada de montes, ordenación forestal, certificación forestal FSC y PEFC y una fiscalización de fondos FEADER y el control del territorio con 1,4 millones de hectáreas arboladas.

Para que todo esto se pueda realizar con rigor, cada técnico está haciendo más de 500 horas anuales a mayores que cualquier otro funcionario normal de la Xunta de Galicia. Y ya no se puede más.

Que conste que no es una cuestión salarial, pues somos conscientes de que la situación del país es muy delicada, sino de un nuevo concepto de cómo se deben afrontar los servicios forestales y de cómo se deben reestructurar.

Sin embargo, por sorprendente que parezca y a pesar del inmovilismo con su personal de base, la Consellería do Medio Rural sí modificó su relación de puestos de trabajo y segregó la antigua dirección general en dos: la Dirección Xeral de Defensa do Monte, con dos subdirecciones (una de extinción y otra de prevención, con sus respectivas jefaturas de servicio) y la Dirección Xeral de Planificación e Ordenación Forestal. Por tanto, por arriba sí decidieron separar los servicios e incrementar sus efectivos, pero por abajo lo han dejado todo como hace veinte años, produciendo una peligrosa pirámide invertida que dificulta aún más si cabe la realización de las tareas.

Por todo ello, este colectivo ha dicho basta y se declara en huelga indefinida a partir del 1 de agosto, para reclamar poder dar un mejor servicio a la ciudadanía. Porque los servicios forestales en Galicia son servicios esenciales, que no han estado parados en ningún momento, y porque deben y desean poder prestar un mejor servicio a la ciudadanía, ya que son sectores estratégicos para la economía gallega.