Cuarta e indiscutible absoluta


Se esperaba. Solo en el último instante las israelitas y la encuesta de la TVG abrían un momento de duda al estimar una horquilla 37-40. Se equivocaron. Galicia se ha pronunciado incontestablemente. Simbiosis cuasi perfecta e identificadora de los gallegos con su presidente. Digan lo que digan. Llamen como lo llamen. Victoria que relata once años de gestión, de gobierno y, ante las enormes dificultades que se presentan ya, es Feijoo el política que mayor confianza despierta. Se la ha ganado a pulso. Pudo irse, se quedó en Galicia. Y la oposición siempre con esa lastimosa y vacía cantinela.

Última y aplastante mayoría absoluta. La cuarta. Algo ya inédito en los tiempos que corren. No hay en el Partido Popular un candidato igual. Pero la lectura es gallega ahora mismo y por el momento. Mientras en Madrid algunos necesitan esa victoria como propia, mientras a Moncloa no le importará que gobierne Feijoo, verdadera oposición centrada y discurso firme pero moderado frente a Sánchez. De ahí y de esa forma de hacer política deberían aprender muchos. No se quiere entender cómo vivimos, cómo sentimos, cómo practicamos la política en Galicia o en el norte de España. Los filtros de Madrid son filtros con anteojeras y discursos precocinados por demasiados opinantes que creen que la política es vociferío, griterío pero no más allá del Bernabéu o de Las Ventas. España es múltiple, rica, viva y diferente. Y está inmersa en una enorme crisis económica, política, social pero también institucional. La jefatura del Estado vive momentos y días complejos. El Gobierno se ha erosionado muchísimo en esta crisis. Los nacionalistas no aflojan, solo lo aparentan, sus pretensiones y llevan al límite la política y el umbral de exigencias que cobran en cada votación. Las principales instituciones del Estado tienen desde hace meses pendientes sus renovaciones, donde los partidos todavía escarnecen la libertad y funcionalidad de una independencia que solo quieren de boquilla. Y hoy más que nunca se necesitan liderazgos. Discursos sólidos, firmes, convicción y mucha gestión. Saber gestionar. Saber decidir en el momento preciso en que hay que adoptar decisiones. Solo con ese horizonte se gobierna. Gobernar es gestionar, es afrontar, es decidir, estudiar, dialogar y adoptar con firmeza y con pulso políticas eficientes que un país necesita. Y esta lección no la han aprendido aún en la oposición. Feijoo apenas ha tenido una oposición firme y sólida, solo por momentos en algunos instantes que los partidos han difuminado en egos de ida y vuelta.

Emocionante noche electoral. No, no bajó la participación, pese al recelo y cierto miedo ante los rebrotes epidémicos. Coraje de los electores. El valor de la democracia plasmado en la libertad para votar es una gran lección. Sin embargo, bajó la participación y empeora por cuarta vez consecutiva en el País Vasco, aunque habría que analizar en verdad quién y por qué se desmoviliza y si hay un patrón distinto en la arena electoral autonómica, y si los grupos más desmovilizados son jóvenes, son mayores, tienen o no que ver con el covid, y si esto ha afectado a algunos partidos donde su electorado mayor o menos joven cala y es caladero de voto.

Dos territorios históricos -sin que sea menor la historia del resto de territorios que componen este país- han celebrado las primeras elecciones en medio de la convulsión que estos meses ha deparado la pandemia. Galicia y País Vasco, donde la política se siente, se hace y se practica de modo bien distinto al resto de España, se vieron obligados en abril a posponer al 12 de julio estas elecciones. En estos meses de diferencia las encuestas y las percepciones variaron. Fortalecieron aún más a los dos actuales presidentes, sobre todo a Alberto Núñez Feijoo. Ahí, en Galicia, el PP es otro PP, otra forma de ser, de ver las cosas, de actuar, de gestionar, de participar en la vida de los ciudadanos. Nada tiene que ver con el de Génova. Es y era, también será, una victoria de Feijoo, no de Casado, quien sin embargo la necesita para sobrevivir de momento y sabiendo que el primero goza de mayor prestigio, predicamento y aceptación que él mismo, carente aún hoy de un discurso sólido, creíble y con presente. Le reprocharon a Feijoo ocultar siglas, logos, anagramas. Yerran y erraron. Los gallegos saben distinguir. No es fácil entender a los gallegos desde la soberbia de la distancia y la prepotencia de la arrogancia. Lo hicieron en cinco ocasiones con otro presidente hasta que en el 2005 le faltaron 8.000 votos para una absoluta.

¿Se ha votado contra la gestión pandémica de Sánchez en Galicia? ¿Han sumado o han restado sus candidatos?

Fracaso de los socialistas en Galicia, duro revés. Otra vez en la oposición. Y pronto defenestrarán al candidato, como siempre. ¿Y Podemos? Una caída previsible, sin espejismos. No hay discurso en Galicia. Esta vuelve a lo clásico, a los tres partidos, PP, PSdeG y BNG. Fulgurante subida del Bloque, vuelve a los tiempos de Beiras y del bipartito tras la travesía rota de las Mareas podemitas, que fueron pero no serán. Gana Núñez Feijoo una mayoría absoluta excepcional. La cuarta, la mejor, la que deja sin embargo la mayor dosis de responsabilidad y donde tiene que dar lo mejor de sí mismo y un Gobierno a la altura de un momento excepcional y durísimo.

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