La autocrítica que nunca llega


Lo mejor de la noche electoral es cuando, una vez conocidos los resultados, los candidatos van interviniendo y, sorprendentemente, casi todos se felicitan por los resultados, incluso aunque no sean demasiado favorables. Casi todos encuentran la forma de ver el vaso «medio lleno» sea cual sea el número de escaños obtenido. Y el que ha cosechado una derrota sin paliativos, y no encuentra una lectura positiva, habla de «hacer autocrítica». Ocurre siempre, una noche electoral tras otra y, como no, también el 12J en Galicia.

Comparecieron radiantes Feijoo y Ana Pontón, y buscando excusas Gonzalo Caballero, mientras en el entorno socialista y en el mundo de Podemos y sus confluencias se empezaba a hablar de hacer autocrítica. Esa fue la foto de la noche electoral en Galicia. La misma de las anteriores, y la misma de las siguientes. Solo varían los protagonistas.

¿Cuántas veces hemos oído a Pablo Iglesias aludir a la necesidad de hacer autocrítica? Pues después de cada debacle sufrida tras estar a apunto de, en palabras suyas, asaltar el cielo. Y generalmente se ha zanjado con un golpe en la mesa del líder, que se ha ido deshaciendo de los personajes que lo podían incomodar.

En el caso de su hombre en las elecciones gallegas, Antón Gómez-Reino, la autocrítica se ha limitado a comparecer solo para reconocer la dura derrota el mismo 12J y no volver a asomar salvo para retomar su cargo -que nunca abandonó- de diputado en Madrid. Un sillón demasiado cómodo como para abandonar sin saber qué depara el futuro fuera del mundo político.

Autocrítica han empezado a pedir también los cargos del PSdeG, una vez que su candidato no ha podido subirse al carro de los buenos resultados de los socialistas en Galicia en las generales. Autocrítica porque el PSdeG lleva diez años sin levantar cabeza, incapaz de recuperarse de la pérdida del poder en el 2009. Autocrítica que han resuelto poniendo una cara nueva en cada cita electoral: a Touriño le siguió Pachi Vázquez, Leiceaga y ahora Gonzalo Caballero. Una de las cuestiones que deben valorar los socialistas es si se le otorga una segunda oportunidad al candidato o es necesario volver a cambiarlo. Pero lo que debe estar en el centro de sus preocupaciones es sacar al PSdeG del papel de segundón en la oposición. Los socialistas no pueden conformarse porque eso los dejaría como el segundo partido en el Gobierno el día que llegue el cambio.

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