Casado, el poder no llueve del cielo


En noviembre del 2011, Rajoy ganó las generales con la mayor victoria histórica de la derecha. Fueron 186 diputados. Solo por debajo de los 202 del PSOE en 1982. Menos de un mes después, enterró todo su programa electoral y su crédito político aplicando, en contra de lo que prometió en la campaña, un hachazo fiscal sin precedentes. A partir de ahí, y bajo la amenaza del rescate, su Gobierno fue una compra continua de boletos para ser desalojado de la Moncloa. Recortes, reforma laboral, austeridad franciscana en el gasto y rescate de los bancos con dinero público. Todo ello trufado con escándalos diarios de corrupción en el PP y un desafío golpista en Cataluña que llevó a la celebración de dos referendos ilegales.

Así se las ponían a Felipe II, cabría decir sobre la coyuntura para el PSOE. Y, sin embargo, Rajoy ganó dos veces más las generales. En el 2015, con 123 escaños, y 33 de diferencia sobre el PSOE. Y poco después, en el 2016, con 137 actas y 52 de margen frente a los socialistas. Todo ese cuadro demuestra a quienes creen que el poder llueve del cielo y solo es necesario esperar a que el Gobierno se queme a lo bonzo, que en unas elecciones también la oposición se examina. Y si en las mejores circunstancias históricas para la izquierda el PSOE perdió terreno respecto a un gobierno conservador obligado a inmolarse, eso quiere decir que una mayoría de españoles captó el desastre de oposición que hizo Pedro Sánchez y pensó que era peor el remedio que la enfermedad.

Después de perder dos veces en las urnas, el líder del PSOE solo fue capaz de llegar al Gobierno mediante una moción de censura basada en un controvertido párrafo de una sentencia judicial. Hoy, Sánchez gobierna con 14 diputados menos de los que Rajoy tenía en 2016. Y la historia se repite. Su Gobierno ha sido una negación de su programa desde el minuto uno. Ministros obligados a dimitir a los pocos días de prometer el cargo, alianzas con el golpismo independentista catalán y con los herederos de ETA, abuso de los privilegios del poder, intentos de censura a los medios, sometimiento a la izquierda radical y populista. Y, además, una gestión lamentable de la pandemia que sitúa a España en la cola de occidente en muertos y contagios. Así se las ponían a la derecha. Y, sin embargo, los sondeos dicen que Sánchez sigue por delante del PP. Algo que debería hacer reflexionar a Casado sobre la oposición que está haciendo.

Decir no a todo esperando que el poder caiga como fruta madura, para verse obligado luego a apoyar medidas impulsadas por el Gobierno, como el ingreso mínimo, es demostrar nula iniciativa. En estas circunstancias, el PP debería hacer una oposición propositiva, planteando cada día un pacto concreto al Gobierno en materia sanitaria y económica que deje fuera el discurso populista de Podemos, de manera que fuera Sánchez quien se viera en la tesitura de rechazar acuerdos de Estado beneficiosos para España. Esperar sin más a que el Gobierno se hunda solo y el poder llueva del cielo es apostar por seguir muchos años penando en la oposición.

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