Hubo un tiempo en que me recreaba con novelas de Milan Kundera. Lo dejé atrás como he dejado otros asuntos, todos fatuos. Pero lo recuerdo todavía. Iba en la motocicleta de mi tío Pepe bordeando el río, hasta Tintores, a cinco kilómetros de Verín. Juncos, algún negrillo, y una pequeña isla (o eso me parecía) alejada del tiempo y de todo. Llevé conmigo a Kundera tantas veces, que pasar por allí me lo recuerda. Hoy lo he hecho. Ya no iba con Kundera, sino con la brillantez hermenéutica de Darío Villanueva y su lúcida visión de la novelística contemporánea. Creo, con sinceridad, que nadie ha dado más a la interpretación narrativa que este gallego de Villalba que entre otras cosas ha sido director de la Real Academia Española. Los gallegos somos tan pocos y tenemos a tantos genios que rompemos estadísticas. Lo he dicho alguna vez y lo repito: no hay más intelectos eximios por metro cuadrado que en Galicia. Y que alguien me demuestre lo contrario. Documentalmente, por supuesto.

Pero hoy no hablo de la genialidad galaica, sino del dolor. Una angustia que me corroe y me corre por dentro. Es la mentira institucionalizada. No la soporto. En el año 2004 sentí repugnancia cuando Ángel Acebes peroraba ante las cámaras buscando culpables, diferentes a los reales, del mayor atentado sufrido en España. Aquella mentira nos trajo a Rodríguez Zapatero, y con él comenzó el deterioro brutal que hoy sufrimos: en ideas, capacidades y expectativas. Se puede mentir en política, y es un hecho habitual, pero no se puede mentir a la muerte ni sobre la muerte. Y vuelvo a Kundera. En alguno de los pasajes de La insoportable levedad del ser habla de vivir en la mentira o en la verdad. Recuerdo grosso modo: «Tener público, pensar en el público, eso es vivir en la mentira».

El Gobierno piensa demasiado en los públicos (internacionales y nacionales), no en la verdad. Por eso nos confunde con la cifra de muertos. Es inaudito. Y también inhumano. Hace unos días Sánchez Castejón anunció el homenaje a las víctimas, y enfatizó: 27.000. Dos días después, el viernes pasado, eran 28.313. Nunca nada de lo dicho por Sánchez, y he tenido motivos, me ha lastimado tanto. Es la burla permanente. El desaire en sentido estricto. La mentira institucionalizada de Acebes.

A lo largo de estos meses he escrito varios artículos sobre la nefasta gestión del Ejecutivo de Madrid. Sin embargo, creo que nada de lo hecho, y fueron decenas de errores, les hará más daño que su «recuento» de víctimas.

La gente decente no va a consentir vivir en esta mentira.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
40 votos
Comentarios

Vivir en la mentira