Feijoo, el «nacionalista excluyente»


El facherío de este país ha puesto el radar sobre el presidente gallego Núñez Feijoo y después de acusarlo de ser un nacionalista radical, que ya sabemos que es un separatista fanático; ahora lo culpa de propagar el discurso del «nacionalismo excluyente e identitario». Todo por pedir limitar la movilidad de los habitantes de Madrid y Barcelona, a partir del domingo. Y entiende, el facherío, que esa petición denota que el presidente gallego considera a los madrileños y barceloneses como «apestados» y que es «un síntoma de la insolidaridad innata de un Estado de las autonomías».

Tranquiliza saber que quienes se manifiestan en Mercedes descapotables, no respetan el estado de alarma y desaprueban el salario de los pobres se preocupan ahora por la igualdad de todos los españoles. Es un detalle a tener en cuenta. Pero a nada que se informasen sabrían que lo que Feijoo expresa es el sentir mayoritario de gallegos, desde Ribadeo a Valdoviño y de Mugardos a Baiona, temerosos ante la posibilidad, muy real, de que la llegada masiva de visitantes de autonomías con una elevada tasa de asintomáticos e infectados puedan causar estragos aquí. Así que lo que hace Feijoo no es más que visualizar y propagar el desasosiego y recelo de una parte importante de la Galicia costera.

Claro que, como todo tiene su envés, el discurso del presidente gallego resulta cuando menos sorprendente. Porque, pese a la profunda preocupación, su Gobierno sigue llamando insistentemente, con intensas campañas de promoción, a visitar Galicia. Y porque, como muy bien le recordó Ana Pontón, al haber recuperado la Xunta la totalidad de las competencias sanitarias, Feijoo y los suyos tienen las manos libres para tomar decisiones que hasta ahora se había reservado el Gobierno central.

La polémica por la presencia de «apestados madrileños y barceloneses» en Galicia no ha hecho más que empezar. Y va a originar aprovechables lecciones de electoralismo. Como la que también acaba de impartir el siempre sorprendente Quim Torra quien, después de los rechazos y desprecios hacia el resto de España, ahora no duda en llamar a los visitantes de otras comunidades para que elijan Cataluña como lugar vacacional.

Y es que no hay quien los entienda.

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