Estatuas y muros


El mapamundi de las estatuas está cambiando. Amanecen decapitadas. Anochecen teñidas de rojo. Pierden sus extremidades al compás de la furia. Pero un monumento puede servir de celebración o de escarnio para el homenajeado o la idea original. El Trinity College de Dublín es uno de esos templos del conocimiento en la forma y el fondo. Cuentan que en su patio se conocieron Oscar Wilde y Bram Stoker. Su mítica biblioteca, la Old Library, con su arpa, su libro de Kells y su habitación larga. Tiene tal encanto que se ha convertido también en un icono de la cultura pop, o como quiera que se le llame. Sirvió de inspiración para la saga de Harry Potter. Y la institución inició acciones legales contra George Lucas porque el director utilizó sin su permiso imágenes de la Long Room para una de las entregas de Star Wars. En ese patio mítico en el que coincidían los genios hay una estatua de un tal George Salmon. Fue uno de los rectores. Un prestigioso matemático que dedicó parte de su talento a evitar que las mujeres cruzaran aquellas puertas. Aseguró que las estudiantes entrarían en esta universidad por encima de su cadáver. Fue una afirmación premonitoria. Salmon murió el día en el que el Trinity College recibió en sus aulas a la primera mujer de su historia. Dicen que, cuando llegan allí, a las alumnas nuevas les encanta pararse frente a la figura de Salmon, sonreír y decirle con toda tranquilidad que allí están ellas. Espero que nadie retire esta imagen, ni le corte la cabeza, ni le tire un cubo de pintura. Para que todos sigan recordando quién era Salmon y qué defendía. Y para que ellas continúen con su ritual, celebrando el derribo del muro frente a la estatua.

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