Máxima audiencia


Una de las primeras medidas que tomó TVE al principio del estado de alarma, con los espectadores desmoronados en el sofá y las cifras de audiencia en plena remontada, fue eliminar el programa que se emitía después del Telediario nocturno para adelantar su horario de máxima audiencia. Esa franja flexible que algunos han intentado modificar, pero que en España tiende inexorablemente a acomodarse hacia la medianoche.

La versión confinada de El hormiguero durante estas semanas se ha convertido ya en el auténtico prime time de Antena 3, que relega lo que debería su producto estrella mucho más allá de las once de la noche.

La excusa que siempre han tenido las cadenas para explicar la anomalía del horario de televisión español han sido las costumbres de los televidentes, que llegan siempre tarde a casa. Pero durante la cuarentena el público ha estado siempre en casa. No ha llegado tarde ni temprano, estaba todo el tiempo allí. Cansado de esperar a que empiece lo mejor que las cadenas en abierto tienen que ofrecer. Pero el espectador ahora tiene un mando, un teléfono, un ordenador o una tableta y, en ellos, servicios a la carta, de pago o gratuitos, que le permiten ser programador de sí mismo y ver las cosas cuando le apetece. El giro al consumo en diferido se ha vuelto ya indispensable.

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