Feijoo versus Cayetana


El lenguaje que utiliza Cayetana Álvarez de Toledo contra sus adversarios es agresivo, su soberbia y altanería causan rechazo. Su estilo, sus formas y su discurso incendiario no concuerdan con los que debería tener un partido de centro-derecha europeo. En su defensa ha salido Aznar, que sigue actuando como gran padrino en la sombra de la derecha. «Sus detractores lo son del PP», ha sentenciado su fundación. Pero Álvarez de Toledo cada vez tiene más detractores internos. Su irrupción ha vuelto a poner sobre la mesa la persistencia de los dos PP, el «aznarista» y el «marianista». Uno, el que representan ella, Aznar o Díaz Ayuso, dispuesto a competir con Vox por el electorado más extremista. En el otro lado, el PP centrado e institucional, que lideran los barones, con un Feijoo, que no disimula su enfado, al frente, donde se ha situado el alcalde Almeida. Casado, un «aznarista» de pura cepa que a su llegada al liderazgo popular laminó casi por completo el «marianismo» y el «sorayismo», trata de mantener un complicado equilibrio. Pero fue él quien puso a Álvarez de Toledo como portavoz, sabiendo que en su hoja de servicios figuraba su rechazo a Rajoy y todo lo que significaba. Y la está sosteniendo contra viento y marea, a pesar de que en muchas ocasiones eclipsa su discurso y rompe la estrategia del partido. Casado ha decidido seguir la estrategia de la máxima tensión, la tierra quemada, el todo está mal y la no colaboración, incluso de la descalificación personal, para desgastar al Gobierno. Pero la sobreactuación y la exageración le restan credibilidad. Al decir no a todo, medidas como el ingreso mínimo vital le dejan fuera de juego, porque se ve incapaz de rechazarlo y de apoyarlo.

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