Encanallar


Querría escribir algo para la gente, tanta, que se siente atrapada por la enfermedad, por el aislamiento o por esa dolorosísima percepción de impotencia, de ahogo en el absurdo que refleja sin falta el noticiario del día. Podría repasar los sucesos de la semana, pero eso ayudaría poco a confortar a todas las personas que ya no saben qué hacer ni a qué o a quién agarrarse, porque ni siquiera consiguen comprender esta crueldad: por qué nos hacemos tanto daño, por qué nos hacen tanto daño.

Quizá hablamos demasiado, yo el primero. Propendemos al pronóstico directo y funesto. Por ejemplo, se anunciaba que el confinamiento multiplicaría la violencia doméstica y resulta que las cifras mostraron lo contrario. También nos hicieron creer que tanto encierro produciría un más que probable incremento de los problemas psíquicos. Y quizá termine siendo así, pero de momento hay indicios muy firmes de que las tasas de suicidio han descendido en casi todas partes. En Japón, por lo visto, las muertes por esta causa se han acortado en marzo y abril un veinte por ciento. Los pesimistas dirán que resulta más complicado suicidarse en confinamiento, pero quizá haya que buscar la razón, como apuntan otros, en un estrés menor o en la necesidad de concentrarse en lo inmediato: en conseguir comida y mascarillas.

El hooligan y el pesimista profesional ofrecen ese rasgo común: tienden a simplificar a siluetear todo en una o dos dimensiones. Mi equipo no comete faltas, se las pitan. Sabemos a quién beneficia el regreso premeditado al guerracivilismo. Ahí podemos hacer mucho, cada cual en su entorno, para evitar el encanallamiento, para rehusar el engaño aunque venga de los nuestros.

@pacosanchez

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