Cómo interpretar los números de Pekín

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La noticia más importante de la Asamblea Nacional Popular China que se acaba de inaugurar en Pekín podría parecer una «no-noticia»: que no se fijará un objetivo de crecimiento para este año. Pero, al fin y al cabo, se trata de un «no-parlamento» que suele tomar «no-decisiones». Así que, igual que antes había que tomar el objetivo de crecimiento no como una cifra real, sino como un eslogan, ahora es preciso interpretar su supresión no como una señal de opacidad sino de incertidumbre. China no sabe lo que va a crecer, pero sospecha que poco. El problema no es volver a producir, sino volver a vender. Y no solo porque la pandemia pueda mantener deprimido el mercado global durante los próximos meses, sino también porque ese mercado global podría cambiar a consecuencia de la pandemia. Puesto que el año pasado China creció por encima del 6 por ciento -o, más bien, dijo que había crecido esa cifra- hay que sospechar que la previsión que se ha suprimido es muy inferior.

El otro número a descifrar es el del gasto en defensa. El año pasado este aumentó un 7,5 por ciento. No era cierto, por supuesto. La verdadera cifra es secreta. Pero las mentiras son útiles cuando son sistemáticas y esta cifra nos sirve para compararla con la cifra, igualmente falsa pero útil, de este año, que es un 6,6. Sería el aumento de gasto militar declarado más bajo en veinte años. Esto nos da una idea del parón económico, especialmente en un año muy delicado para los intereses geoestratégicos de Pekín. Terminado el paréntesis de la fase aguda de la epidemia, se espera que se reanude la revuelta en Hong Kong; Taiwán se siente más respaldada por Estados Unidos, con lo que la posibilidad de una reunificación se aleja. Sobre todo, la tensión con Washington se incrementa. Esa tensión está ahora instalada en los intercambios comerciales, pero suele acabar manifestándose en forma de escarceos navales en el mar de China Meridional. Oiremos hablar de esa parte del mundo, a medida que los microorganismos vayan dejando espacio a los conflictos entre humanos.

Afortunadamente, una guerra es casi imposible, e incluso una guerra comercial está muy limitada por la dependencia mutua entre Pekín y Washington. China es el mayor acreedor de Estados Unidos y este el mayor importador de productos chinos. La paradoja para Trump es que, ahora que había conseguido forzar a China a firmar un acuerdo comercial más ventajoso para Washington, Pekín no tiene la posibilidad de cumplirlo cubriendo su cuota de importaciones. La paradoja para China, que los mercados globales que pretendía preservar con sus concesiones van a encoger en todo caso. De modo que la rivalidad se va a expresar, probablemente, en los aledaños de la economía simbólica: la trifulca en torno a la OMS, la batalla por el control de las redes 5G… Incluso la carrera por crear y fabricar en cantidad suficiente una vacuna contra el covid-19 -el anuncio de un ensayo exitoso en un laboratorio chino se hizo este viernes, no por casualidad-. El pulso, lejos de aflojar, se extiende ahora al universo microbiano.

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