Pero ¡en manos de quién está el país!


Todos los gobiernos pueden equivocarse o acertar, lo que está en la propia naturaleza de las cosas. De hecho, lo que los ciudadanos tenemos derecho a exigir a quienes mandan a cambio del poder y la confianza que les damos no es que acierten siempre, sino que actúen con responsabilidad en defensa de los intereses generales. Y para ello resulta indispensable que los ejecutivos fijen sus objetivos y los medios con los que aspiran a alcanzarlos.

Cuando ese básico esquema democrático se invierte radicalmente, de forma que el gobierno no está para hacer cosas sino que hace cosas (sean las que sean) para aguantar a cualquier precio en el poder, ocurre lo que ahora, para desgracia de todos, estamos viviendo en nuestro país, abandonado a la deriva por el presidente Pedro Sánchez. El Gobierno es como un barco a merced solo de los golpazos del viento y de las olas, como un balón cuya dirección la marcan las patadas que recibe de eso que el PSOE llama las fuerzas progresistas, como un boxeador que trastabilla grogui por el ring y se abraza incluso a su adversario con el único fin de no caer sobre la lona.

Y así, la quinta prórroga del estado de alarma, que iba a finalizar el 25 de junio para satisfacer la exigencia del PNV (7 diputados) de que la nueva normalidad coincidiese con el inicio de la campaña vasca para las elecciones autonómicas, se reduce a la mitad para que la vote Ciudadanos (10 diputados), cuyo apoyo saca a Arrimadas del área trifachita y la transporta por la gracia del PSOE de nuevo al progresismo.

Y así, la negativa a aceptar la movilidad entre las provincias gallegas -origen de problemas para docenas de miles de personas que no han podido visitar a su familia o sus amigos o viajar a sus segundas residencias- deja de ser una medida supuestamente elemental si cabe negociar con el BNG (un diputado) su posible supresión a cambio del apoyo nacionalista a la ansiada quinta prórroga.

Y así, ¡el no va más!, firman un pacto secreto el PSOE, Podemos y EH Bildu (5 diputados) -el partido no solo heredero sino defensor del asqueroso patrimonio de un grupo de asesinos que ha violado los derechos más elementales: la vida, la integridad física y moral, la libertad- para, a cambio de su abstención en la votación de la prórroga, «derogar de forma íntegra la reforma laboral», poniendo uno de los temas esenciales de la vida nacional, clave en cualquier política de Estado, en manos de un grupúsculo que representa el odio cerval a España y a los españoles. Aunque ya lanzados por la pendiente de la absoluta irresponsabilidad, la parte socialista del Gobierno se desdice a media noche de lo que acaba de firmar a media tarde, mientras Podemos insiste en el pacto con sus amigos de EH Bildu en los términos acordados. ¡El despiporre!

Un escandaloso culebrón que demuestra trágicamente lo que ya sabemos millones de españoles: que en la peor situación que atravesamos desde 1977 está al frente del país el peor Gobierno de nuestra reciente historia democrática.

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