No manchen la palabra libertad


A los que padecimos la ausencia de libertades y la represión del franquismo durante nuestra primera juventud, ver a los pijoflautas de los barrios más ricos de Madrid gritando libertad nos produce una sensación de enorme enfado, malestar y desasosiego. Mancillar así esta bella palabra es un insulto para todos aquellos que lucharon en este país por la democracia poniendo en riesgo sus vidas. ¿Libertad para contagiarse y contagiar a otros? En su imaginario, España sería una dictadura socialcomunista encubierta en la que se han suprimido las libertades fundamentales, una especie de Venezuela gobernada, en expresión de Aznar, por los «hijos de Chávez». Y lo peor es que parecen creérselo. De hecho, se lo están diciendo todos los días dirigentes tan importantes como Abascal o Díaz Ayuso. Trumpismo en acción. En su lógica perversa, los «revolucionarios» del barrio de Salamanca, como hacen algunos líderes políticos, endosan los más de 27.000 muertos al Gobierno de Sánchez, personificación, junto a Iglesias, del mal absoluto. Nunca culpan, claro está, de los fallecidos en Madrid a la comunidad autónoma, responsable de la gestión de la sanidad. La realidad es que España es una democracia que lucha con las armas constitucionales y legales contra un enemigo silencioso y letal, en la que la libertad de expresión funciona plenamente, como demuestran todos los días las críticas de los medios de comunicación, las caceroladas y manifestaciones contra el Gobierno, el control en el Parlamento por la oposición o las ruedas de prensa semanales del presidente con absoluta libertad para preguntar. Estamos muy lejos de ser un régimen, una dictadura o Venezuela. No manchen la palabra libertad.

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