Todos quedaremos atrás


Cuando el PIB de España caiga el 9,2 %, el déficit suba al 10,3 %, la deuda pública ascienda al 115,5 % del PIB, el paro alcance el 19 %, el consumo se retraiga un 8,8 %, las exportaciones bajen un 27 %, la inversión se reduzca un 25,5 %, y la recaudación fiscal baje un 5,3 % -son las previsiones, muy conservadoras, del Gobierno progresista-, lo único que se podrá prometer, porque es lo que en realidad va a suceder, es que «todos quedaremos atrás». Porque la idea de que, mientras la riqueza del país se desploma, «nadie quedará atrás», es -más que una utopía- una solemne tontería, que, fabricada en los think tanks de Iglesias y Redondo, solo sirve para engañar incautos y arengar devotos, o para edificar sobre arenas movedizas el plan de reconstrucción económica del país. Si España se empobrece, nos empobrecemos los españoles. Y, si no asumimos a tiempo esta evidencia, vamos a sufrir el doble de lo que ya estamos condenados a soportar.

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Todos quedaremos atrás