Crisis sin rumbo


Seguimos ante la feroz crisis provocada por la pandemia del covid-19, en una lucha cuya coordinación suprema ha decidido protagonizar el presidente Pedro Sánchez, cuando ya se supone que estamos en plena fase de desescalada, lo que equivaldría a avanzar por una vía de «desconfinamiento gradual y asimétrico».

Pero poco de este proceso acaba de estar definitivamente en marcha, ni puede afirmarse nada concluyente sobre su evolución definitiva. Porque el presidente del Gobierno solamente consulta a los suyos y consigo mismo, como si hubiese una gloria imperecedera que pudiese atesorar, ad maiorem Sánchez gloriam. Algo que podría suponerle muchos años en La Moncloa.

Pero la realidad es que Pedro Sánchez no es Felipe González, o no lo es todavía. Su condición de presidente del Gobierno depende de unos apoyos que tienen un precio a veces inasumible o difícil de aceptar.

Él cree que ha inventado la fórmula adecuada (o resignada) para moverse entre la diversidad de partidos que hay en España y encuentra natural entenderse al mismo tiempo con Unidas Podemos, con el Partido Nacionalista Vasco (PNV), con Compromís, con el Bloque Nacionalista Galego (BNG), con el Partido Regionalista de Cantabria o con Teruel existe. Y también, de otro modo, con las fuerzas catalanas de Puigdemont-Torra y las siglas históricas de ERC. Unas agotadoras sesiones de esfuerzos para sumar lo diverso y lo disperso, para construir un futuro en permanente redefinición. De esto trata la estrategia de Sánchez, con el cántaro de la negociación yendo y viniendo de la mesa a la fuente, sin parar.

Es obvio que el presidente debe presidir y coordinar la acción del Gobierno. Es su misión. Pero el añadido de complejidades, por la ausencia de una mayoría absoluta socialista, hace que se sumen los confusos y polivalentes intereses de Podemos, que tira para su lado, convirtiéndose a veces más en problema que en solución. Su petición al Gobierno regional de Madrid de que habilite, por la vía de impuestos de patrimonio y sucesiones, la recaudación de unos 3.000 millones de euros al año, ha llamado la atención. Ante tal propuesta, la presidenta madrileña le respondió que Unidas Podemos está en el Gobierno de la nación -no en el autonómico-, «donde forma parte del problema y no de la solución».

En estas andamos, aunque no nos guste. Porque en este momento todos deberíamos estar mucho más unidos. Sin ninguna duda.

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