Travesía a lo desconocido


Después de cincuenta días en arresto domiciliario, el presidente de Gobierno ha realizado una comparecencia para anunciarnos una larga travesía hacia lo desconocido. La flexibilidad y la adaptabilidad que el Ejecutivo impone a las semanas que restan hasta recuperar nuestras vidas no hacen más que convertir ese plan de transición en una incógnita que iremos despejando cada mañana.

El Gobierno de España ha optado por proyectar un plan de transición basado en fases, frente a otros ejecutivos europeos que lo hicieron por fechas. Lo explicó Pedro Sánchez. Entiende que es la mejor opción para los ciudadanos porque siempre se desarrollará en función de unos criterios objetivos que iremos conociendo. El propio presidente asumió que no existe una hoja de ruta clara y que nos iremos adaptando a lo que se nos vaya viniendo encima. Vamos sin GPS, dijo.

No hay pues hoja de ruta porque son precisamente esas fases espaciadas cada dos semanas, que se irán acomodando a la realidad epidemiológica, las que le otorgan incertidumbre al camino que nos queda. Pero sí hay una idea novedosa. El ritmo de lo que han dado en mal llamar desescalada se medirá en cada provincia, y no por comunidades autónomas, pese a que algunas de ellas reclamaban poder tomar estas decisiones.

La provincia será pues el espacio geográfico en el que se marque cuándo sus ciudadanos queden liberados del encierro. Y puede que lo hagan con hasta un mes de diferencia respecto a los de al lado porque la gradualidad, asimetría y coordinación no permitan que se mantenga una estrategia equilibrada en el desconfinamiento. Como bien reconoció el propio presidente, una provincia puede estar en la fase 1 y la de al lado en la fase 3. Y en ese plan, ayuntamientos y diputaciones pasarán a desarrollar un papel estelar por su especial protagonismo.

Después de tanto sacrificio personal y colectivo, lo que el ciudadano pedía es ver el final del camino. Fechas. Concreción. Pero le quedan muchas dudas. La transición, si todo marcha viento en popa, irá de seis a ocho semanas, con finales de junio como horizonte. Y por provincias. Cierto que se irán abriendo, si todo va viento en popa, pequeños comercios, restaurantes y otros establecimientos. Y que, si todo va viento en popa, también se abrirán los locales de ocio y se permitirá la movilidad.

Todos cuantos permanecemos en arresto domiciliario asumimos hace tiempo que nos queda un camino difícil. Y que hay que tener paciencia y ser responsables. Pero no va a contribuir a que esta travesía hacia lo desconocido nos resulte placentera. Ni breve. Aunque todo vaya viento en popa.

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