Nuestros niños y adolescentes no lo merecen

Diana López Coronas LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

Óscar J.Barroso - Europa Press

23 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

El coronavirus ha provocado algo impensable en sociedades como la nuestra: nos hemos tenido que confinar en nuestras viviendas durante días, acompañados de nuestros niños y adolescentes. Algunos de ellos se han desmarcado de la continuidad de la actividad educativa porque sus condiciones familiares no han facilitado el seguimiento del curso escolar de forma adecuada desde sus hogares. Deberemos analizar más adelante las consecuencias de ello.

Pero después de estas semanas, donde la capacidad del sistema sanitario se ha tensionado hasta el límite y se ha demostrado la profesionalidad y entrega de todo el personal de salud, nos toca pensar de forma coherente cómo podemos iniciar las primeras medidas de desconfinamiento, teniendo en cuenta a los niños y adolescentes, de forma que se corran los mínimos riesgos de nuevos contagios.

Se tenía algún borrador sobre esta cuestión, que daba pistas sobre cuál podría ser la forma más adecuada. Se hablaba de salida por franjas horarias de dos horas y por franjas de edades, incluyendo a los adolescentes hasta los 18 años; se hacía hincapié en las medidas higiénicas al salir y volver de casa, como el lavado de manos, el uso de mascarillas excepto en los menores de tres años; se indicaba que las salidas deberían ser cerca de su casa, máximo a un radio de 1 kilómetro, y que se podría ir a parques y jardines públicos, pero no a zonas de juegos, manteniendo el distanciamiento con otras familias; también se recomendaba en lo posible el no entrar en comercios o espacios cerrados, y, por supuesto, el que no salieran a la calle niños o adolescentes que pudieran tener síntomas de COVID-19 o que convivieran con personas adultas diagnosticadas o con síntomas de dicha enfermedad. Está última recomendación es fundamental, pero la dificultad de realizar test masivos ha hecho que gran parte de la población, incluyendo a niños y adolescentes, no se haya podido diagnosticar.

El pasado martes, al escuchar a la ministra portavoz de Gobierno, que fue durante años consejera de Salud de la Junta de Andalucía y es médica de profesión, sentí un tremendo desconcierto. Como pediatra, tengo mis dudas, de que organismos como la Sociedad Española de Pediatría hayan avalado que la mejor forma de salir sea acompañar a los padres al supermercado, a la farmacia o al banco, en lugar de pasear por un espacio abierto. La decisión parece haber sido tomada de forma improvisada. Creo que no podemos permitirnos, tras estas últimas terribles cinco semanas, más errores de comunicación ni actuación por parte de las autoridades gubernamentales y sanitarias españolas. Nuestros niños y adolescentes, y nosotros mismos como sociedad, no lo merecemos, después del esfuerzo que estamos todos realizando conjuntamente.

Hay más de 21.000 fallecidos a día de hoy por COVID-19 en España, algunos de ellos compañeros de profesión en activo. Es una cifra inmensa que pone números a la magnitud de esta tragedia colectiva.

Debemos exigir que los que tienen responsabilidades en la toma de decisiones lo hagan correctamente, asesorados por los mejores expertos, sin que estos estén influenciados por sesgos políticos, y que se nos den información y recomendaciones adecuadas a la situación que vivimos los ciudadanos. Cuanto antes nos pongamos a ello, con rigor, antes ganaremos todos al COVID-19.