Las trabas para un pacto se llaman...

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

DAVID MUDARRA (PP)

22 abr 2020 . Actualizado a las 07:39 h.

El acuerdo entre Sánchez y Casado de que sea una comisión del Congreso la que negocie un pacto para hacer frente a la crisis derivada del COVID-19 presenta dos ventajas: que cada partido tendrá la fuerza que le dan sus diputados, lo que elimina el esperpento de que pesen igual ERC o el PNV que el PSOE o el PP; y que, dada la publicidad de sus deliberaciones, sabremos lo que defiende cada cual. Pero el precio a pagar por tal formato será grande: dejar fuera a sindicatos y empresarios, claves para un efectivo pacto económico-social.

En todo caso, el gran problema para cerrarlo no es el marco de las negociaciones. Tiene nombres y apellidos: Podemos y los separatistas catalanes. Para decirlo claro y pronto: la dificultad procederá, respectivamente, del infantilismo izquierdista y de la obsesión secesionista de los dos principales socios del Gobierno.

Podemos, que aplica su catecismo a todos los problemas, sostiene una tesis sin pies ni cabeza sobre la crisis sanitaria: que se debe a los recortes neoliberales. Lo cierto es, sin embargo, que lo único en lo que estamos para bien a la cabeza (el número de enfermos ya curados) es lo que depende de la atención sanitaria, mientras que aquello que lideramos para mal (el número de fallecidos e infectados en proporción a la población) ha sido consecuencia de la desastrosa política de salud pública del Ejecutivo. De hecho, países con sistemas sanitarios peores que el nuestro, como Portugal, han contenido mucho mejor la epidemia porque sus gobiernos han actuado con más acierto y diligencia.

Y lo que le sirve a Podemos para explicar la crisis sanitaria constituye también su bestia negra a la hora de diseñar la llamada reconstrucción que España necesita tras los devastadores efectos de un confinamiento cuya dureza y consecuentes destrozos han sido directamente proporcionales a los errores del Gobierno en su lucha contra el COVID-19. Podemos ha encontrado ahí la ocasión que estaba esperando para ensayar su populismo izquierdista en lo económico y social, con el que tratará de empujar al Gobierno, al que tiene cogido por el cuello, a ensayar un intervencionismo radical no solo de nuestra economía sino también, lo que cree indispensable para acallar las discrepancias, de la libertad de información, sobre la que Iglesias tiene una visión bolivariana, coherente con el hecho de que haya sido en la Venezuela chavista donde ha echado los dientes en política.

Las trabas que para un pacto de reconstrucción nacional pondrá, por su parte, el separatismo catalán son conocidas: según sus propias palabras, no tiene ningún interés en reconstruir una nación que quiere destruir. A los separatistas solo les interesa la autodeterminación y la independencia.

Es a esos socios a los que Sánchez ha unido su suerte y la de su legislatura. No es de extrañar que su credibilidad, incluso según el manipulado CIS de Tezanos, ande por los suelos. Por eso el presidente necesita un gran pacto. Y por eso será tan difícil que consiga su objetivo.