Fíense del Gobierno y llamen al confesor

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Eduardo Parra - Europa Press

17 abr 2020 . Actualizado a las 00:14 h.

El Centro de Investigaciones Sociológicas preguntó a los españoles si quieren que la información de la pandemia proceda solo de fuentes oficiales y la mayoría respondió que sí. Más vale, seguramente, una mentira con membrete de ministerio que una verdad sospechosa difundida por una red social. Este país conserva un tic mental que hace a lo público más fiable que lo privado. Me parece muy respetable, pero miren lo que pasó por fiarse de lo público: el jueves de la semana pasada, fuentes de la Vicepresidencia Segunda y del Ministerio de Trabajo informaron con gran alborozo de que ya había un acuerdo para la renta básica o ingreso mínimo vital. Lo oyó Pedro Sánchez y lo celebró también en uno de sus discursos. La primera en desmentirlo, porque había sido citada como firmante, fue la CEOE. Este miércoles, los periodistas preguntaron en la misma Vicepresidencia Segunda cómo iba lo de la renta básica, y albricias: había dejado de existir el conflicto entre Iglesias y Escrivá; todo estaba listo para anunciarlo con entrada en vigor dentro de dos semanas. Ayer, el ministro Escrivá tuvo que confesar en la Cadena Ser que se había enterado por la prensa.

Fantástico. Hay una parte del Gobierno que quiere ser la ganadora del pulso con el ministro Escrivá y no tiene inconveniente en adelantar una información interesada y todavía falsa; pero, como esa información procede de una fuente oficial, no hay ni que contrastarla: dícelo la Vicepresidencia, punto redondo. Por unas cortísimas horas Pablo Iglesias había ganado al ministro de la Seguridad Social. Una hazaña en las guerras internas que se traen. Y nosotros, los periodistas, somos los que quedamos como mentirosos o, por lo menos, como poco rigurosos en el tratamiento de la información.

Al margen de este aspecto informativo y manipulador, el pequeño episodio demuestra hasta qué punto hay una tensión interna dentro del Gobierno para llevarse las medallas de la inquietud y de los méritos por la política social. Los ministerios de Unidas Podemos aseguran que debaten y discuten, pero, una vez decidido, son una piña. Es una verdad a medias: la imagen que transmiten es que hay una carrera para demostrar quién tiene el poder y la iniciativa. Para Podemos y para mucha opinión publicada, ganar una batalla a un ministro socialista es como ganársela a su jefe Pedro Sánchez. Y mientras tanto, hacen el ridículo y nos lo hacen hacer a gran parte de los profesionales de la información. Pero eso no es lo peor: lo peor es que, con esa lucha para demostrar poderío, obligan a que una decisión tan importante se precipite y haya que presentarla sin haberla terminado de estudiar y cuantificar. ¡Dios, qué caras nos salen estas luchas de poder!