De pestilencias y epidemias

Francisco Ríos Álvarez
Francisco Ríos LA MIRADA EN LA LENGUA

OPINIÓN

RUPAK DE CHOWDHURI

Pandemia, que en griego significa ‘reunión del pueblo’, es el nombre que usamos hoy cuando una enfermedad contagiosa se extiende por muchos países y afecta a una parte relevante de sus poblaciones. Estamos, pues, en plena pandemia de COVID-19. Pero estas catástrofes no siempre se llamaron así en español. La denominación más antigua es pestilencia, documentada ya en 1223. El Nuevo diccionario histórico del español la define así: «Enfermedad epidémica contagiosa que provoca una gran mortandad y, en particular, la causada por la bacteria Yersinia pestis y caracterizada por fiebre, escalofríos, náuseas, dolor de cabeza, debilidad y bubones en diferentes partes del cuerpo». Pestilencia permanece hoy en el Diccionario con las acepciones, entre otras, de ‘enfermedad contagiosa y grave que origina gran mortandad’ y ‘mal olor’. Esta última, que también comparte con peste, se debe a la fetidez que desprenden la boca y la piel de las víctimas de la peste bubónica.

 A pestilencia le tomó el relevo dos siglos después peste, aunque continuó usándose. De no existir epidemia, peste podría aplicarse al COVID-19. Hoy se utiliza sobre todo con el sentido específico de ‘enfermedad zoonótica febril y aguda causada por Yersinia pestis’. Ese agresivo mal, la peste por antonomasia, que a mediados del siglo XIV sembró Europa de cadáveres, puede combatirse con antibióticos como la estreptomicina y el cloranfenicol, y hasta tiene una vacuna. La peste de la Yersinia pestis recibe adjetivos según sus manifestaciones más relevantes. Así, es la peste bubónica cuando causa bubones en ingles y axilas. También se le llama peste negra, peste hemorrágica, peste septicémica y, cuando afecta a los pulmones, peste neumónica.

El siglo XIX fue fecundo poniendo apellido a pestes causadas por distintos agentes: peste amarilla, para referirse a la fiebre amarilla; peste azul, oriental o fría, al cólera; peste blanca, a la tuberculosis; peste cristal, a la varicela... a las que hay que añadir las de animales, como la porcina y la equina.

Epidemia ha sustituido a pestilencia y a peste en su sentido más amplio. Ya en 1600 la definió Manuel de Escobar en Tratado de la esencia, causa y curación de los bubones y carbuncos pestilentes: «Este nombre, epidemia, es griego y quiere dezir ‘enfermedad que anda y se multiplica por el pueblo». Cuatrocientos años después seguimos a merced de las epidemias que andan y se multiplican entre nosotros.