¡Que venga «Supernanny»!


La televisión está recobrando en este tiempo aciago su olvidada vocación de servicio público. En la pantalla es posible encontrarse ahora desde sesiones didácticas para alumnos de todas las etapas educativas hasta clases de gimnasia a domicilio. Por recuperar, el archivo de la web de RTVE ha rescatado del olvido incluso a Eva Nasarre y aquellas lecciones de Puesta a punto que tanto contribuyeron a la moda de los calentines en los ochenta. Pero si algo se echa en falta en estos días en muchos hogares con hijos es una versión de emergencia de Supernanny

Las clásicas preocupaciones por las cuales los padres solían pedir su mediación y sus consejos de manual para gobernar a los críos se han venido abajo con las nuevas rutinas. Ahora las familias sí necesitan de verdad una brújula para navegar por este terreno desconocido en el que los días no acaban de ser para ellos plenamente lectivos ni tampoco son vacaciones. En muchos hogares empiezan ya a preguntarse hasta dónde es posible relajar las normas en esta convivencia 24 horas. ¿Es conveniente regañar a unas criaturas enjauladas? ¿Es hora de mantenerse firmes en la disciplina férrea o hay que ponerse un poco más en su piel? ¿Volverán a estar vigentes algún día aquellas condiciones que dosificaban las horas de televisión y limitaban las consolas a los fines de semana con la tarea cumplida? El regreso de Supernanny es apremiante.

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