El nuevo coronavirus tiene un comportamiento biológico y epidemiológico que estamos conociendo día a día al no haber antecedentes. El temor a los efectos de una enfermedad desconocida es obviamente mayor en la edad infantil.
La ruta de transmisión es por contactos cercanos con personas infectadas, con o sin síntomas, los catorce días previos. La información actual indica que el período de incubación a cualquier edad puede ser más largo, 24 días, lo que tiene implicaciones en las normas de aislamiento.
La mayoría de los niños infectados tienen síntomas leves, sin neumonía, con muy buen pronóstico y recuperación en una o dos semanas. Los síntomas habituales son fiebre, tos, dolores musculares, congestión nasal y, a veces, vómitos y diarrea. El número de enfermos menores de 19 años es muy escaso, siendo, sobre todo, en áreas con más carga viral (mayor incidencia global). Hay un riesgo potencial de transmisión desde niños infectados (asintomáticos o con escasos síntomas) a adultos sanos, con el rasgo de que la excreción del virus en secreciones respiratorias es mayor en niños con enfermedad leve que en adultos.
Es primordial la prevención de la infección en el hogar, lo que requiere un esfuerzo responsable de todos, padres y niños. Expliquen a sus hijos que los van a proteger del virus, con información adaptada a su edad de forma clara, sencilla e impartiendo optimismo. Y continúen con la rutina normal de la mejor forma posible. Cuidado con los rumores en los medios sociales. Anímenlos a colaborar en la contención del virus, enseñándoles aquello que siempre se debería hacer para mantenerse sanos. Lo más eficaz es el lavado de manos correcto y frecuente con agua y jabón (al menos 20 segundos) o con desinfectante, sobre todo al regresar de lugares públicos, antes de las comidas, y después de utilizar el baño (el virus se aisló en heces de infectados). Hay que enseñarles a toser hacia su antebrazo o codo, no hacia las manos, sin tocarse los ojos, nariz y boca. También es aconsejable el lavado regular de superficies y hay que procurar alejarlos de personas enfermas. Las mascarillas no son necesarias en niños asintomáticos.
De momento, no hay vacunas disponibles.
Llegarán tiempos de bonanza y, mientras tanto, el mensaje es de tranquilidad: sus hijos están aparentemente en riesgo mínimo de padecer esta enfermedad y prácticamente sin riesgo de que la evolución sea grave y fatal. Pero no hay que bajar la guardia.