COVID-19 en campaña


Se le atribuye a San Ignacio de Loyola la célebre frase de «en tiempos de tribulaciones no hacer mudanzas», y más allá de si se trataba de «tribulación» o «desolación» la referencia original del santo, lo importante es cómo a la sabiduría popular le sirvió para describir el modo en que la incertidumbre estimula la búsqueda de estabilidad.

El COVID-19 ha entrado en nuestras vidas de una forma mucho más impactante de lo que nos gusta admitir. Después del desesperado intento de salvar el Mobile World Congress de Barcelona con una campaña mediática que llegó a hacernos pensar que más que un virus el COVID-19 era poco menos que el amigo invisible, lo cierto es que los mercados bursátiles, el precio del crudo o los operadores turísticos internacionales, entre otros, empiezan a descontar que este será un año complicado, por así decir. Y justo cuando el virus llega a Galicia arranca la campaña electoral más abierta de los últimos años.

Los que nos dedicamos al estudio de cómo las emociones inciden en la decisión política admitimos que la ansiedad, y todas las emociones asociadas a ella, refuerza el impacto de la identificación partidista en la decisión de voto, especialmente en los sectores más conservadores, lo que vendría a reforzar la tesis del santo. Y ello por dos razones, a saber: (1) porque en los sectores más conservadores el peso de la identificación partidista es más estable, y (2) porque la componente ideológica es menor y la emocional mayor.

No estoy acusando a un murciélago chino de ser el agente cohesionador del voto de derecha en Galicia; no, para eso Feijoo se bastaba solo, pero es cierto que la incertidumbre que el COVID-19 puede incorporar al sistema puede alentar esta cohesión identificadora.

Se puede decir que la renuncia de Vox a plantear candidato a la presidencia de la Xunta y la suplicante incorporación de Ciudadanos a las listas del PP gallego, ante el desprecio de Feijoo, avalaban ya la supuesta buena salud electoral del presidente y la innecesaria presencia de este cuarto aliado.

El problema para Feijoo está en que en contextos de ansiedad los sectores conservadores buscan la estabilidad, pero en los progresistas se revela como una oportunidad para explorar el cambio, y, por tanto, todo depende de la capacidad movilizadora de este contexto en unos y otros.

Y es ahí donde los liderazgos adquieren un protagonismo singular. Porque mientras algunos siguen creyendo que una campaña electoral no es más que un intercambio programático de políticas públicas, lo cierto es que hoy las campañas se juegan en términos de credibilidad, de confianza y de las emociones que la política despierta en los ciudadanos.

Las condiciones de esta campaña están dadas, a no ser que el COVID-19 decida terminar con ella. Es la hora de los líderes, de la capacidad personal y colectiva de generar en los ciudadanos la percepción de confianza suficiente para que les den su apoyo. De esto va hoy la competición política, y otra cosa son los instrumentos que cada uno utilice para que esto suceda.

Por Nieves Lagares Díez Equipo de Investigaciones Políticas de la USC

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