Crisis en el Instituto Oceanográfico


Es lamentable ver la situación a la que han llevado a este Instituto Español de Oceanografía (IEO), con más de 100 años de actividad científica. La tendencia ha sido lamentable desde aproximadamente los años 2007 y 2008. La situación se ha ido agravando con los intentos de hacer de este Organismo Público de Investigación (OPI) una agencia, eliminando y debilitando áreas de investigación en las que el instituto era pionero y referente, incrementando puestos de designación directa, reduciendo la participación, centralizando procedimientos bajo una estructura cada vez más deficiente (la tasa de reposición durante la crisis ha jugado en contra); y todo ello en un nuevo contexto para su personal (Ley de la Ciencia 2011), con una estructura administrativa inadecuada para la ciencia, con recursos humanos cada vez más insuficientes y bajos salarios. Estos son algunos de los problemas directamente ligados a la gestión y a la dirección de los servicios centrales y de algunos centros costeros.

Pero quizá es más lamentable conocer la noticia del escenario y la estrategia que propone el actual ministerio para cambiar la dinámica de caída libre del IEO y tomar «decisiones de calado». Por el momento se han paralizado muchas actividades y no sería descartable que aparezcan síntomas del coronaOPIs en otros institutos, ya que, independientemente de la eficiencia de los equipos humanos y de gestión dentro de cada OPI, hay elementos estructurales comunes que podrían causar similares consecuencias.

En medicina hay una premisa básica para curar a un enfermo: Hay que mantenerlo vivo para poder hacer un diagnostico de su enfermedad, elegir tratamiento y verificar su eficacia. Pues bien, es probablemente optimista pensar en tres o cuatro meses para que un grupo de expertos ad hoc haga un diagnostico certero de la enfermedad del IEO, que, por otra parte, es perfectamente conocida por el ministerio, muchos de sus trabajadores y directivos. Con posterioridad serán necesarios algunos meses más para pensar en el tratamiento más adecuado y aplicarlo. Luego se necesitarán otros meses para ver su eficacia y que se empiecen a notar sus efectos, y más adelante iniciar la rehabilitación del enfermo, que durará probablemente años.

Dicho esto, lo más urgente ahora es cortar la hemorragia, porque, si no la acometemos, el enfermo se nos va y todo lo demás ya resultaría superfluo. El IEO está en parada cardíaca y alguien debe reanimarlo en minutos para poder enfocar la batería de acciones que el ministerio de turno plantea en un «largo me lo fiais».

En todo este proceso, el Ministerio de Ciencia e Innovación ganará tiempo. Mientras, se enfriará el cadáver y, a la postre, algunas acciones que ahora solo son sugeridas por las autoridades pasarían a ser más evidentes ante una lúgubre noticia. En ese momento, el ministerio llorará amargamente y dirá que lo sucedido es culpa de los anteriores responsables (que también lo es, y mucho), y planteará la decisión finalmente tomada ante la opinión pública como «dolorosa e inevitable» ¡Aviso a navegantes!

Por Jaime Mejuto Investigador del Centro Oceanográfico de A Coruña

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
11 votos
Comentarios

Crisis en el Instituto Oceanográfico