Solo hay algo peor que el miedo. Es el miedo al miedo. El miedo al miedo termina en pánico. Con el coronavirus estamos viviendo esta situación. Desquiciados todos. Es el vórtice del miedo. Es esa sensación de que la sobre información nos desborda. La cabeza trabaja demasiado rápido, no discrimina y entra en barrena. Con el coronavirus hay que tomar las medidas necesarias, pero no más. Es una amenaza sanitaria más. Nada como los números para ubicar el problema en su medida. El coronavirus lleva unos ochenta mil contagiados, de los cuales la mitad ya lo han superado. Y la mayoría de la otra mitad también lo hará. Son cerca de tres mil muertes en el planeta, una cifra que está por debajo de la mortalidad de la gripe común, de la que este año ya llevamos tres cepas, según los expertos. El Sars en el 2003 terminó con la vida de 800 personas. Con la gripe A del 2009, con la que, igual que ahora, se desmadró todo, fueron 201.000 los fallecidos. Con el coranavirus, repito, de esos ochenta mil contagiados han fallecido cerca de 3.000. Y siempre enfermos con otras patologías. Pero a la pandemia de miedo, que ya es pandemia, eso le da igual. Además de los que tendrán que pasar por el proceso y en su inmensa mayoría superarlo, el problema ya ha saltado a la economía, que se está yendo al garete. El miedo es una soga, un patíbulo, para el dinero. El dinero escapa del temor. Sería bueno que los inversores se tatuasen estas palabras de Ángel Gil, catedrático de Medicina Preventiva: «En España tendremos más casos, eso está claro. Pero tenemos un sistema sanitario robusto que puede asumir una situación como esta sin ningún problema. Otra cosa es que se nos va un poco el control y se ha generado pánico. No podemos evitar que haya casos y en un momento dado alguna persona puede morir. Pero la magnitud del problema, tal y como lo vemos hoy por hoy, no será diferente de una gripe convencional. Sobre todo la última frase: «No será diferente de una gripe convencional». El coronavirus ha destrozado ochocientas familias. Esos son de momento los grandes damnificados. Los que han fallecido. Pero como sigamos así: nos afectará a todos por el bolsillo. Al que no le pille el virus, tendrá la mala suerte de sufrirlo en su nómina. La amenaza sanitaria está provocando una catástrofe económica y, de esa, va a ser mucho más difícil salir. En la guerra de Siria, cifras aproximadas (pero como las del coronavirus, porque no me creo nada de lo que cuentan los chinos), van ya 380.000 muertos. 115.000 de ellos, civiles, muchísimos niños. Mata más la guerra en Siria. O frenamos el miedo al miedo o entraremos en pánico. Y hay pocas cosas peores que un ataque de pánico. Sufrirlo y superar las secuelas horrorosas que deja.