La AP-9 es el pasillo de casa


Audasa no tiene buena imagen. En realidad no goza de ella ninguna empresa concesionaria de autopistas. Pero la imagen concreta que proyecta entre sus clientes la gestora de la AP-9- es la de una empresa recaudadora a expensas de las necesidades de los gallegos a la que todo le ha venido rodado, nunca mejor dicho. Con decisiones políticas se le ha blindado durante 75 años su contrato; privatizado la gestión de la autopista cuando comenzaba a dar beneficios; prolongando además su concesión para garantizar la estabilidad del negocio, además de haberle dado todas las facilidades, y con altos intereses, para recuperar las inversiones que la empresa ha llevado a cabo para mantener los mínimos de calidad exigibles a una autopista en España.

Esa imagen que proyecta Audasa es la que ha hecho posible lo imposible, que todos los grupos políticos de Galicia hayan coincidido hasta en tres ocasiones en reclamar a las Cortes la transferencia de la autopista a la Xunta, para intentar lograr así un mayor y más cercano control de la infraestructura que siendo como ahora una más de las que dependen de la Administración central del Estado. Y esa imagen de recaudadora, se ha incrementado al desaparecer cualquier rastro de galleguidad de un accionariado que se camufla entre fondos de inversiones de medio mundo que no pueden buscar nada más que la mayor rentabilidad a sus inversiones. Es su naturaleza.

Cada subida en los precios de los peajes que han llevado a la AP-9 a ser la autopista que más se ha encarecido de España en los tres últimos años, no ha hecho más que menoscabar esa imagen, por mucho que Audasa tenga un real decreto, una adenda a un convenio o un acuerdo que le dé la razón legal en cada caso. Pero la AP-9 es en Galicia más que una mera autopista, es el pasillo de casa, la arteria que esperas que nunca falle ni se colapse, porque las habitaciones de la vivienda quedarían aisladas. La Justicia le acaba de advertir a Audasa que no ha gestionado bien ese pasillo, y no porque llevara a cabo obras en Rande, sino porque no le dijo a sus clientes que iban a pagar como si tuvieran una autopista al cien por cien de sus posibilidades, cuando en realidad durante cuatro años tuvieron que sortear conos, bajar velocidad y pisar el freno sin que nadie le advirtiese de los condicionantes o rebajase los peajes. «Habría sido un detalle», apunta en su sentencia el juez de lo Mercantil de Pontevedra.

Por esa falta de información, por mantener la recaudación inalterable, por no adoptar la política comercial del sector de rebajar peajes a sus usuarios más fieles, Audasa se ha labrado una imagen que no daría beneficios de no ser por los 400.000 euros que los gallegos dejamos cada día en su caja.

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