É moito


Debía de haber sido el lema colectivo de todos los partidos que concurren a los próximos comicios gallegos, asumido por todos desde la izquierda nacionalista a la derecha extrema, una reivindicación, un grito unánime que se escuche más allá de Pedrafita y del Padornelo.

Porque no cabe duda de que Galicia é moito, mucho más que un eslogan de campaña, que una bandera ideológica que arropa a Núñez Feijoo, quien no se cansa de repetir Galicia como santo y seña subrayando que nuestro pequeño y poliédrico país «é a miña vida, prácticamente todo o que son».

Para quienes vivimos fuera de Galicia, escuchar en un mitin virtual que Galicia é moito nos sitúa en la parte alta de una históricamente alicaída autoestima de la que siempre hemos estado un poco huérfanos, y nos ratificamos que no se podía elegir mejor grito de guerra para encubrir carencias, enumerar paisajes y catalogar los sueños pendientes.

É moito es conocer los secretos guardados en los pliegues de nuestra historia, no decir nunca adiós a las fuentes y a los ríos, rehabilitar nuestra memoria de pueblo, negar que la emigración y la mar por medio sean el camino, y continuar llevando una estrella en la frente y en los labios un cantar, como señala la vieja estrofa.

É moito es saber clasificar las emociones y conjugarlas con el catón exigente de la razón, es saber para siempre quiénes somos y a dónde nos dirigimos. Y nos acordamos con Bruce Sprinsgteen de los viejos buenos tiempos, cuando fuimos os mellores en una tierra en la que cabemos todos.

Celebro el eslogan que proclamó el candidato Núñez Feijoo en la presentación de su opción política a presidir de nuevo la Xunta, y saludo que las tres palabras clave que componen la frase fueran escritas y pronunciadas en esa lengua antigua y frutal que es la nuestra.

Ser mucho es no renunciar nunca a la búsqueda de la excelencia, a no caer en las trampas de los muchos laberintos en los que nos perdemos renunciando a buscar utopías, a construir el mapa de un futuro incierto sin que caigamos en la trampa aviesa del pesimismo melancólico a la que somos tan dados.

É moito es la nueva bienvenida, el prólogo urgente para la primavera que ya llega por los caminos, y para que nunca olvidemos que los gallegos, todos los gallegos, los de dentro y los de fuera, somos moito.

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